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Reporte Indigo investigacion F. Cassez

  1. Edgar Aguilera
    09/03/2011 en 4:45 PM

    Estimados compañeros, quisiera someter a su consideración el siguiente comentario: Se ha señalado que una de las características esenciales del modo en que funciona la impartición de justicia en materia común en México consiste en el escaso -e incluso nulo- despliegue de habilidades de investigación por parte de los operadores que forman parte de las diferentes policías e incluso, de parte de los ministerios públicos y procuradores. Esta característica se inscribe en el marco de un ambiente generalizado en el que, por múltiples factores como la falta de capacitación, falta de recursos y cargas de trabajo excesivas, impera la “ley del menor esfuerzo”. Las averiguaciones previas se conciben como un mero “trabajo de escritorio” en el que lo importante es confeccionar el expediente respectivo mediante la mera incorporación de fojas y fojas en las que sólo puede hallarse la reproducción literal de lo que supuestamente declara algún testigo, y la supuesta confesión del inculpado, sin ningún ejercicio de síntesis ni de razonamiento que permita concluir la existencia de los elementos del delito ni la probable responsabilidad del indiciado. Estos casos, así de débiles desde el punto de vista probatorio e incluso técnico-jurídico, son protegidos o blindados por los jueces al recibirlos. ¿En qué consiste ese blindaje? En una serie de formas de interpretar la ley y en la invocación de cierta jurisprudencia, que tiene el efecto de inmunizar el caso del fiscal contra cualquier crítica que pudiera hacerle el abogado defensor. Con esto los jueces logran producir las altas cuotas de sentencias condenatorias que les exige el consejo de la judicatura y una sociedad mal-informada que considera que las altas cifras de condenas son necesariamente indicativas de que se está combatiendo la criminalidad y que dichas cifras garantizan siempre que sólo los criminales son los que se encuentran en las cárceles.
    Con el envío del ejército (y considerando la historia particular de nuestro glorioso ejército mexicano), a la impartición de justicia a nivel federal no le espera una mejor situación que la anteriormente descrita. Nuestro ejército no está capacitado para realizar investigaciones, al contrario, está sistemáticamente entrenado para reaccionar violentamente contra el enemigo y para realizar misiones de reconocimiento, de toma de plazas, etc, pero repito, no para desplegar el razonamiento sofisticado que requeriría la investigación cautelosa de delitos federales. Los miembros del ejército han sido sometidos a un proceso de deshumanización según el cual, en su percepción (palabra tan usada por Calderón) el enemigo (en este caso cualquier persona vinculada de uno u otro modo con el narco) es intrínsecamente culpable y merece lo que le suceda e incluso la muerte si se les atraviesa. Pero, ¿qué hay de aquellas personas que pueden verse envueltas en un tiroteo con bandas criminales, pero no porque sean ellas mismas miembros de esas bandas, sino quiza, por ejemplo, porque se están defendiendo legítimamente, o quizá porque fueron secuestradas y están intentando escapar, o quizá porque son comerciantes que ya no quieren pagar el derecho de piso que les cobra el narco, o quiza sólo se trata de personas que van pasando? En un contexto en el que no se investiga y en el que existe la presunción de que cualquier ciudadano puede estar envuelto en negocios del narco o de delincuencia organizada, los militares pueden andar a sus anchas encubriendo bajo el manto de “delincuente” sus errores (recordemos el caso de los estudiantes del Tec a quienes los militares fabricaron “pruebas” luego de darse cuenta de su error), e incluso sus excesos (violaciones, ejecuciones extra-judiciales, etc). En este sentido, para concluir, sugiero la lectura de la excelente investigación periodística de Marcela Turati “Fuego Cruzado: Las víctimas atrapadas en la guerra del narco”, Grijalbo, 2011. Con la firme esperanza de que la sociedad civil mexicana se volverá mucho más inquisidora y escrutadora de sus autoridades públicas, envío cordiales saludos.

  2. Daniela Castell
    14/03/2011 en 10:47 AM

    qué buen comentario, gracias! leeré el libro.

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