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Respuesta a Jorge Fernández Menéndez

Pascal Beltrán del Río

Director editorial

Excélsior

 

En apego a nuestro derecho de réplica, pido atentamente la publicación de nuestra misiva al articulista Jorge Fernández Menéndez  quien publicó el día de ayer un artículo titulado “Cassez y Brenda: dos secuestradoras, una estrategia”.

 

El autor de este artículo se dirige a nosotros, por lo que queremos y debemos contestar.

 

En primer lugar, Ud. Sr. Menéndez, sugiere –más bien afirma– que existe algún tipo de “parentesco” entre el caso de Florence Cassez y el caso de Brenda Quevedo Cruz; y escribe: “Florence Cassez fue liberada ignorando la prueba más importante que existía en su contra: las declaraciones de las víctimas…”. Un periodista con ética profesional, y respetuoso de las instituciones pilares del Estado de Derecho, no ignoraría deliberadamente lo que no decide ignorar:

-          El hecho de que las supuestas víctimas en caso Cassez / Vallarta se prestaron al montaje mediático de las autoridades, que todas sus declaraciones carecen de validez ya que fueron obtenidas a raíz del montaje y no independientemente de ello;

-          Que Florence Cassez no fue liberada por acuerdos políticos sino por decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cuya decisión honra a México y fue saludada a nivel internacional. Son pocas las veces que México se distingue por su apego a los derechos humanos.

-          Que el hecho de manchar el nombre de Florence Cassez al señalarla de delincuente cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó precisamente invalidar la totalidad de las supuestas pruebas en su contra por haber sido obtenidas de manera ilegal, mediante la violación sistemática a los derechos humanos fundamentales,los cuales protegen a todos los ciudadanos contra las arbitrariedades del poder. Esto, Sr. Menéndez es prueba de su profunda o deliberada ignorancia puesta al servicio de la mentira.

 

Sin embargo, el punto de nuestra respuesta a su artículo, Sr. Menéndez, no es el de volver al caso de Florence Cassez, a quién hemos defendido a lo largo de su infierno de más de siete años, y de la que sabemos –porque nosotros sí investigamos– es totalmente inocente, y no solamente inocente, sino víctima de un sistema de fabricación de culpables del cual la familia Vallarta también es víctima y cuyos responsables tenemos perfectamente identificados. Florence Cassez fue y sigue siendo víctima de esta epidemia de fabricación de culpables en México, epidemia a la propagación de la cual contribuyen periodistas como Ud., Menéndez. Para nosotros es un honor haberla defendido, haber trabajado de manera voluntaria durante más de cinco años. Y seguiremos defendiendo su nombre, su memoria, su inocencia y su dignidad. Gracias a ella, se ha abierto en México, un estrecho camino, pero al fin camino, hacia un verdadero sistema democrático en el que no se tolera ninguna violación a los derechos humanos. Si Ud. no lo puede reconocer o por lo menos intuir, Sr. Menéndez, entonces no merece el título de periodista y el derecho a la expresión que acompaña ese título.

 

Podríamos evidenciar o recordar cómo evidenciamos y de qué manera Isabel Miranda de Wallace se involucró en el caso Cassez; no para defender a las supuestas víctimas, sino por complicidad con Eduardo Margolis. Lo demostramos en su momento en múltiples ocasiones, y nuevamente le aconsejamos Sr. Menéndez que haga lo que todavía no ha hecho: nada más el trabajo periodístico que le incumbe. Con ello sabría la verdad.

 

Con respecto al caso Wallace, y las publicaciones de Proceso en México y Los Ángeles Press en Estados Unidos,  es un hecho que Isabel Miranda de Wallace no tiene todas las respuestas a la mano. En vez de ello, ella y sus consejeros se han enfocado en descalificar a la periodista Anabel Hernández, y a prestarle una intención vengativa, e incluso personal contra ella, cuando lo que está en juego es la verdad, la vida de los inculpados, la de su propio hijo, y sobre todo la de un sistema de justicia agonizante. Isabel Wallace se presenta nuevamente como víctima, blanco de una ofensiva generalizada en su contra, simplemente por haber defendido el derecho de las supuestas víctimas y haberse opuesto a la liberación de Florence, desviando el punto central de las investigaciones recientemente publicadas por los medios ya mencionados: los rastros de vida de su hijo Hugo Alberto Wallace Miranda, después de la fecha de su presunto homicidio.

 

Isabel Miranda Torres es la figura ejecutiva de una fábrica de culpables en México, que ha usurpado la voz de la ciudadanía, una figura de la instrumentalización del dolor de las verdaderas víctimas, de las madres que realmente perdieron a sus hijas o a sus hijos, muchos de los cuales murieron a consecuencias de la supuesta guerra contra el narcotráfico iniciada por el presidente más vergonzoso que México haya tenido en su historia contemporánea: Felipe Calderón Hinojosa, el mismo que entregó a Isabel Miranda el premio nacional de derechos humanos en 2010, como una gran burla del sistema a los millones de mexicanos aún con dignidad.

 

La única razón por la cual tenemos que enfocarnos en la persona, en la historia turbia y oculta, en las mentiras, y en las actividades de Isabel Miranda de Wallace, es por las personas inocentes que están muriendo en la cárcel por secuelas de las torturas, por un crimen que no se cometió. Y para lograr este objetivo: la liberación de todos los inocentes, no solamente los del caso Wallace, tenemos que evidenciar la verdad, a través de investigaciones independientes, honestas y profesionales, a pesar de las amenazas, represalias, calumnias, y de los supuestos periodistas como Ud. Menéndez que usa su posición para insultarnos y a través de nosotros a todos los inocentes injustamente encarcelados de su país.

 

Asimismo queremos rectificar su dicho Sr. Menéndez cuando escribe:

 

“Que, siguiendo el camino Cassez, todos los detenidos niegan ahora su participación en los hechos, aseguran que sus declaraciones fueron sacadas mediante torturas (a pesar de que, como en el caso Cassez, hay otras pruebas testimoniales en su contra) y todos, obviamente, dicen ser inocentes.”

 

1)   Florence Cassez siempre negó su participación en los delitos que le imputaron injustamente. El camino es distinto, ya que en el caso Wallace tenemos que demostrar la falsedad de las confesiones auto incriminatorias de los acusados.

2)   Florence Cassez fue torturada psicológicamente, aterrorizada, amenazada, golpeada levemente, jalada por el cabello, e intimidada con una pistola en la frente para que firmara los papeles ya armados en los que se le exigía su autoincriminación, a lo que se negó rotundamente. Pero su integridad física no fue afectada brutalmente, como ha sido con los inculpados de Isabel Miranda. A lo mejor, su nacionalidad francesa sirvió en ese momento para evitar ese tipo de tortura. Al parecer, las autoridades todavía tienen un poco de reserva cuando se trata de torturar a una persona extranjera.

 

Decir Sr. Menéndez que nosotros seguimos la misma estrategia que implementamos en el caso Cassez, muestra su falta de atención analítica. No, Sr. Menéndez: el caso de los acusados en el caso Wallace es más complejo todavía y requiere otro tipo de estrategia, que sólo una investigación seria y profesional puede revelar quién es Isabel Miranda Torres, que se autoproclama la voz de la ciudadanía, mientras pisa y quiebra el sistema de justicia mexicano, y que –para sorpresa de todos– se niega rotundamente a considerar la posibilidad de que su hijo esté vivo, aun cuando se le presentan sólidas líneas de investigación que ella misma decide no seguir u ocultar. ¿Quién es esta madre que finge buscar los huesitos de su hijo en el canal de Cuemanco?  ¿Quién es esta persona que a pesar de su perfil delictivo y de haber estado en la cárcel, logra con la simple negación de los hechos seguir en el poder? ¿Quién es esta persona que usa los espectaculares de su propia empresa Showcase para difundir los rostros de las personas que ella misma decidió inculpar por la desaparición de su hijo, violando los derechos de ellos y sobre todo la presunción de inocencia? ¿Quién es esta persona que puede acudir a los penales y a la SIEDO para entrevistarse con los acusados en el caso Martí para proponerles un arreglo si se declaran culpables y si denuncian a los co-inculpados que se les presentan? ¿Quién es esta persona que puede liderar un operativo policíaco sin ser una autoridad  judicial? ¿Quién es esta persona que hace caso omiso de las denuncias en su contra ante la CNDH sin que haya ninguna consecuencia? ¿Quién es esta persona que goza el apoyo incondicional del presidente de la CNDH, Raúl Plascencia, victorioso de la candidatura que ella misma presentó?
Otra declaración contraria a la verdad por su parte Sr. Menéndez: las pruebas que se presentaron y difundieron en los medios, no son las mismas que las pruebas que Isabel Miranda de Wallace decidió callar en el 2007. Son nuevas. Basta que las revise para que se dé cuenta.

 

Reconocemos una cosa. Ud. Sr. Menéndez nos acusa de poner en duda el “hecho de que los secuestradores de Hugo Alberto han reconocido ampliamente su participación en ese crimen.”

 

Precisamente es lo que hacemos: cuestionamos lo incuestionable. Ponemos en duda lo que los demás dan por hecho, a pesar de que lo deberían hacer porque se trata de su deber como periodistas. Dichas confesiones, lejos de comprobar el  delito, revelan contradicciones y discrepancias más allá de lo aceptable. Estas contradicciones a su vez comprueban que el delito de secuestro y asesinato de Hugo Alberto Wallace fue fabricado, y mal fabricado. Un simple vistazo a estas declaraciones genera sospechas. Un estudio amplio de las mismas nos hace cambiar totalmente de perspectiva en cuanto a la realidad del caso Wallace. Sea lo que sea, Ud. Sr. Menéndez no hizo ni uno ni lo otro, y no creemos que por falta de tiempo, ni por incompetencia, sino por elección. Y esto es anti-ético.  Los nuevos elementos de prueba que se filtraron a la prensa ponen en duda lo que hasta hace poco era considerado como un hecho irrefutable: la culpabilidad de los acusados en el caso Wallace por su declaración, pese a que no había ni cuerpo ni pruebas periciales físicas que sostuviera el homicidio. De presuntos culpables se convirtieron en presuntos inocentes.

 

Ahora el por qué cuestionamos lo incuestionable: Porque no queremos ser parte de un sistema que encarcela a inocentes.  Porque como seres humanos y humildes ciudadanos nos negamos a vivir sin dignidad en un país en el que se violan los derechos humanos por motivos ajenos a la justicia. Y finalmente porque tenemos confianza que algún día México pueda ser una verdadera democracia en la que los criminales pagan por lo que han cometido, y los inocentes están a salvo de los abusos del poder. Una fórmula tan sencilla de felicidad pública, y que México merecería alcanzar, empezando por erradicar los “acusadores públicos”, papel que personas como Isabel Miranda de Wallace y Alejandro Martí han desempeñado a lo largo de estos años, gozando prebendas económicas y privilegios judiciales con ello.
Es un deber salirnos de las ilusiones en las que hemos permanecido. Es un deber dejar de ser un niño que se cree que las historias que le cuentan, historias de hadas y brujas, historias de justicieros y de malos, historias del bien y del mal, son la realidad.

 

Es un deber salir de la psicosis generalizada por la que nos dejamos contaminar cuando, por primera vez vimos una señora que buscaba a los plagiarios de su hijo. Entendemos que nos cuesta reconocer que nos hemos equivocado, que nos hemos dejado engañar, que caímos en una trampa. El error es humano. El deseo de justicia y seguridad es legítimo y por esa legitimidad, se vuelve comprensible nuestro error: el de haber creído en la realidad del caso Wallace. Ahora bien, lo que no sería ni legítimo, ni digno del intelecto humano, sería quedarnos voluntariamente en ese error con tal de que no enfrentemos el mundo real. En ese mundo real, Isabel Miranda de Wallace no es una madre que agarró ella sola a los plagiarios de su hijo, sino una persona protegida con una red de complicidades que permite el dinero y encarcela a quien le trata de poner ante los ojos la alta probabilidad de que su hijo sigue vivo y nunca fue secuestrado.

En ese mundo real, son siete personas las que han sido acusadas públicamente por un crimen que no sucedió, y que pasarán el resto de sus vidas encarceladas si nadie toma su defensa.

 

En conclusión, le queremos dedicar nuestras últimas palabras Sr. Menéndez, ahora que nos ataca públicamente. Para nosotros, resulta ser un honor leer que usted tacha nuestra campaña de “infame, imposible calificarla de otra manera”. Es un honor para nosotros, en calidad de humilde grupo de defensa de los derechos y de la libertad de las verdaderas víctimas, recibir de su parte un intenso desprecio, usted siendo parte y, por su artículo, vocero de un sistema que encarcela a inocentes mediante tortura, intimidación, amenazas, violaciones a los derechos humanos y al debido proceso.

 

Aprovechamos la ocasión para mandar un afectuoso saludo a los otros inocentes encarcelados a la defensa de los cuales tratamos de contribuir: Pablo Solórzano Castro (casi Martí), María Elena Ontiveros x (caso Martí), Noé Robles Hernández (caso Martí), Cynthia Cantú Muñoz, Israel Vallarta Cisneros (caso Zodiaco), a los miles de Mexicanos injustamente encarcelados, y por supuesto a todos los acusados en este infame caso Wallace. Les decimos lo que un día le dijimos a Florence: los tenemos de la mano, y no los soltaremos.

 

Nolverto Sanchez. A.

MXporFC

 

 

Cassez: “Mi historia no terminó con mi liberación” + Margolis habla de Isabel Wallace

Ya no es secreto. Para preparar su libro, Florence Cassez se entrevistó con Eduardo Margolis por teléfono. En un pésimo intento para lavarse de las acusaciones que pesan sobre él desde la detención de Cassez en diciembre del 2005, Margolis le dijo que siempre la había apoyado. Que siempre había creído en su inocencia y hablado a su favor.
Sin embargo, no olvidaremos el artículo que salió en el medio Enlace Judío dos días apenas después de la liberación de Florence.

MX 23-01-2013 Articulo Enlace Judio 2 - 2

El internet tiene memoria, Eduardo.

Ojala que Florence no haya caído en la trampa.

Por lo tanto, lo interesante en lo que narra Florence de su entrevista con el mafioso Margolis, es la opinión que éste hombre tiene de la activista quién se considera como su mejor amiga: Isabel (Miranda Torres) Wallace: una desesperada, que forma parte de la misma banda de secuestradores que los policías que detuvieron a Florence.18-01-2014 Proceso Articulo Florence-page-006 2

 

Margolis, Wallace: el divorcio.

 

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Isabel Miranda o La confusión de los intereses

Por MXporFCassez

El 13 de mayo, 2013

A través de un comunicado al margen de la inauguración del V Foro Nacional sobre Seguridad y Justicia, la “incorruptible” Isabel Miranda de Wallace, presidente de la muy útil organización Alto al secuestro, urgió a reformar el sistema penal mexicano y abogó por una justicia “más transparente y mucho más expedita”.

Ahora bien. No hay nada nuevo, nada extraordinario en esa declaración. Y hasta cierto punto compartimos el punto de vista de nuestra amiga Isabel, aunque no es por los mismos motivos que la animan. ¿Cuáles son las razones de la postura de la santísima Sra. Wallace? ¿El privilegio del bienestar común? Con su carácter de representante autoproclamada de victimas (aunque el secuestro de su hijo delincuente no ha sido probado) casi nos lo haría creer. Por lo tanto, leamos bien las últimas palabras de la declaración de la activista que hemos señalado ya por su complicidad con Eduardo Margolis.

En su comunicado, destacó que lo importante “es sensibilizar a la sociedad sobre la importancia que tiene el que se haga la reforma en esta materia, lo conoce como juicios orales, aunque realmente es mucho más que eso porque se refiere a una justicia transparente, mucho más expedita y sobre todo, que se lleven a juicio los verdaderos casos importantes.”
Lo repito: “…que se lleven a juicio los verdaderos casos importantes.”

¿A poco existe una distinción entre casos importantes y casos menos importantes? ¿En este caso, cuáles son los verdaderos casos importantes? Y, a cambio, ¿cuáles son los casos que no son verdaderamente importantes?

Es bastante simple: los verdaderos casos importantes no son más que… su propio caso, armado con la ayuda de Eduardo Margolis, Vasconcelos y otros policías corruptos. Isabel Miranda de Wallace quiere, requiere, hasta exige la condena rápida de las personas que ella misma acusó y declaró como los responsables sine ullo dubio del secuestro nunca comprobado de su hijo.

Isabel Miranda quiere tener la certeza y la seguridad de que todos los acusados habrán sido condenados por lo menos en primera instancia para que se les haga más difícil o hasta imposible comprobar su inocencia y lograr su liberación en instancias superiores.

El argumento que repitió hasta el cansancio con su aire prepotente (hasta cansar a los Magistrados de la Suprema Corte de Justicia) cuando la Suprema Corte volvió a tocar el tema de la liberación de Florence Cassez en enero de este año, de que Florence había sido ya sentenciada tres veces por tres jueces diferentes, no era más de un ensayo para Isabel. Este argumento lo va a volver a usar, sabiéndose amenazada por la jurisprudencia que generó la liberación de Florence Cassez. La activista cree que con una condena se habrá comprobado que los que ella misma mandó a torturar eran efectivamente culpables de secuestro.

Isabel tiene el comportamiento problemático de una psicópata padeciendo de un egocentrismo paranoico. Cree que sus intereses se confunden con el bienestar social, que su sadismo y su locura se confunden con la justicia. ¿Sera mero error de juicio o delirio?

En psicologíaegocentrismo es la característica que define a una persona que cree que sus propias opiniones e intereses son más importantes que las de los demás. Parte de la hegemonía de sus pensamientos por sobre los otros, lo que él piensa, opina, decide, cree y razona es primero y más importante que el resto, el mundo gira alrededor de su individualidad y lo que no se ajusta a él es rechazado desvalorado por su opinión. El término deriva del latín ego, que significa “yo”. Una persona egocéntrica no puede “ponerse en los zapatos de los demás (quitándose primero los de él mismo)”, y cree que todos buscan o deben buscar lo que él busca (o lo que él ve, en alguna forma, excede en lo que otros ven) (fuente: Wikipedia)

Paradójicamente, apoyamos su propuesta. Que se haga justica de manera pronta y transparente. Precisamente a eso trabajamos. Tomamos la defensa de Brenda Quevedo Cruz y de Jael Antonio Malagon Uscanga contra la perversidad de una loca mitómana, para que ellos tengan derecho a un juicio justo y para que tengan la posibilidad de defenderse, sin que hayan sido condenados antes de haber sido juzgados. Y que cada pequeño detalle del caso Wallace, cada pequeño elemento oculto que forma parte de la historia real de esta señora, como la tortura de los acusados, las violaciones a los derechos humanos y a la presunción de inocencia, las víctimas colaterales como Julieta Freyre Morales, las complicidades de Wallace con la mafia judía y la policía federal, el tráfico de influencias, los sobornos, los actos delictuosos de Hugo Wallace, el control de la familia Wallace infiltrada en la CNDH, … que todo salga a la luz del día. Finalmente, que las personas como Brenda Cruz y Jael Uscanga, encarcelados desde hace 7 años, reciban la sentencia que merecen, o sea la libertad.

No te soltaremos Isabel.

Mentiras de Wallace – capitulo II – Isabel Miranda de Wallace: “Eduardo Margolis, mi mejor amigo de la comunidad judía”

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Respuesta a Martin Moreno, autor del libro “el Caso Wallace”

Wallace Moreno

 

Dentro de nuestro équipo, me toco estudiar el libro de Martin Moreno titulado “El Caso Wallace”.

libro martin

Estudiar, analizar con ojo crítico, casi científico, y no solamente leer pasivamente como si se tratara de algún texto sagrado. Para ver si encontraba en el algo que acreditara la historia tan mediatizada del secuestro y asesinato de Hugo Alberto Wallace. El libro se presenta como el relato periodístico de la epopeya de Isabel Miranda de Wallace, una mujer dolida en busca de justicia, persiguiendo sin cansancio a los secuestradores de su hijo Hugo Alberto. En apariencia lo es. En apariencia solamente.

En realidad, el estilo tiene muy poco que ver con un trabajo de investigación periodística. La “obra” de Moreno parece, de hecho, un homenaje a la leyenda viva que sería Isabel Miranda. Un personaje que el autor, con su manera romanesca de contar los “hechos”, al estilo de una telenovela, la describe como una superhéroe dotada de súper poderes, como el don de ubicuidad, una capacidad súper humana de recuperación… es más, el libro de Moreno va más allá del simple homenaje al personaje de la Santa Madre con su destino divino (es destacable que Isabel, en sus entrevistas o en numerosas páginas del libro, se alaba de tener una relación bastante estrecha con Dios, privilegio de los místicos y de los esquizofrénicos…) y su increíble capacidad para sufrir y transcender a su dolor: el libro construye el mito, que existe a raíz de él. Tal como si, sin Biblia ni nuevo testamento, no hubiera religión cristiana; sin el Corán, no hubiera islam, podemos afirmar que sin la pluma de Martin Moreno, el caso Wallace no sería más que un chiste. La conversión al escrito de ese cuento que es el caso Wallace, lo convirtió de anécdota a mito, a relato sagrado del peregrinaje de una “humilde” persona, de profesión maestra y directora de escuela primaria, a quien Dios eligió para que cumpliera con su misión, para que a través de ella se realizara la obra divina en la tierra.

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p. 123: “Desde las primeras horas de su calvario…”

p. 53 “La suerte estuvo de su lado.”

p. 58 “La buena fortuna continuaba del lado de Isabel

p. 91: “La ruleta de la vida le ha dado vuelta a su (Freyre) destino y sin importar que caiga en rojos o negros, la pelotita de la suerte, movida por la mano del Diablo, siempre apuntara al número de la desgracia ajena. Así ha vivido. Corazón malvado, alma sin color”

p. 107: “Empujada por la mano del destino, bajo del taxi (…).”

p. 130: “Para fortuna de Isabel, al arranque del sexenio de Calderon, ya estaba José Luis Santiago Vasconcelos como subprocurador jurídico de la PGR. “Dios me lo puso ahí”, suele decir (…).”

p. 144: ““Estoy viva de milagro”, me comento esa noche, aun asustada por el atentado contra su vida.”

No solamente representante (autoproclamada) de la sociedad civil, sino también verdadera “madre universal”, el libro de Moreno fabrica el mito de Wallace, a través de quien Dios habla y se concretiza el bien. Aunque, sin mal no hay bien, por lo que el libro de Moreno tiene que pintar a la vez, a los enemigos naturales del bien o de quien lo representa, a los verdugos del hijo Hugo Cristo, enemigos gracias a los que se realiza la naturaleza súper humana de Isabel Miranda de Wallace, superhéroe de la lucha contra la impunidad y la injusticia, al menos durante el sexenio de Felipe Calderón.

El rol mínimo que desempeñó Martin Moreno en este asunto, seria él de fiel transcriptor de la versión de los hechos tal como los cuenta Wallace. Inspirado por el Espíritu Santo, Martin cuenta la historia como si el lector la viviera a través de los ojos de Isabel, como si la viviéramos en el mismo cuerpo[1].  La otra opción sería que, más allá de haberle dado forma escrita a la historia de Isabel, la hubiera fabricado junto con ella. Martin Moreno se convertiría en el coautor del caso Wallace. Para nada improbable.

Por lo que me da risa y a la vez me escandaliza la proclamación del derecho a la libre expresión y a la difusión transparente de información que invoca Martin en su artículo más reciente, publicado en la muy objetiva revista Excélsior.

“(…) hay un embate contra periodistas que revelamos detalles de secuestros —en este caso el de Hugo Alberto Wallace— con el propósito de no transparentar los hechos, atentando no sólo contra la libertad de expresión, sino lo más grave: el intento de censura contra el derecho de la sociedad a conocer lo que ocurre.”

Bajo el pretexto de la libertad de expresión y el derecho de la sociedad a la verdad, Martin Moreno falseó a sabiendas los hechos, con vistas a que las personas que Isabel Miranda de Wallace acusó del secuestro y asesinato de su hijo estén pintadas, descritas, como culpables.

Martin Moreno además generaliza (al decir “contra periodistas”) lo que existe en contra de un solo periodista: el mismo. Existe una demanda en contra de Martin Moreno y no contra los periodistas en general, aunque si es cierto que muchos presuntos “periodistas” se dedicaron a corroborar sin ninguna prueba, ni verificación, la versión que Wallace dio de los hechos. Sin embargo, la demanda de la que se trata, se interpuso en contra de Martin Moreno específicamente.

Efectivamente, uno de los personajes de la novela “El Caso Wallace”, protagonista contra su voluntad, es Brenda Quevedo Cruz, a la que Martin llama la “Conejita dealer”, acusándola de vender tachas y perico vestida de coneja sexy en los antros del DF. Nosotros empezamos a defender a Brenda poco antes de que ocurriera la liberación de Florence Cassez, aunque estamos enterados sobre el caso Wallace y sobre quién es Isabel Miranda de Wallace desde mucho antes. Pues bien, Brenda desde el reclusorio de Tepic y por medio de su madre, interpuso una demanda contra el autor del libro por difamación en su contra y violación al principio de presunción de inocencia. Martin Moreno – visiblemente incómodo – acaba de subir a la barricada para defenderse contra las acusaciones de la persona a la que él mismo acuso de formar parte de la banda de delincuentes sin nombre, la que supuestamente secuestró, mató y descuartizó al corpulento jugador de futbol Hugo Wallace en una tasa de baño tan pequeña que no entra ni una persona de tamaño digamos… regular.

Empecemos con el apodo de “Conejita dealer” que usa Martin en su libro para dirigirse a Brenda. ¿En qué elementos se basa Martin para comprobar (o hacernos creer) que realmente Brenda se dedicaba a la venta de droga? Pues se basa en una foto de Halloween tomada mientras Brenda, perseguida por Isabel Miranda y su equipo, había encontrado refugio en Estados Unidos. En esa foto, Brenda aparece vestida de conejita, en medio de un grupo de amigos y colegas todos disfrazados. Ahí está la primera prueba. Brenda vendía droga vestida de conejita.

Foto Brenda Conejita Dealer

La otra prueba que invoca el escritor es una declaración de otra acusada en el caso: Juana Hilda Lomeli. El problema es que esa declaración fue obtenida bajo tortura. (Declaracion Preparatoria de J. Hilda 8 abril 2006 Declaracion Preparatoria de J. Hilda 8 abril 2006)

Finalmente, a pesar de reconocer haber usado el apodo de “conejita dealer” para calificar a Brenda, Martin Moreno se quita a si mismo toda responsabilidad de ello. No tendría la culpa simplemente por el hecho de que no le incumbe la paternidad del apodo.

Escribe:

“Vale aclarar que el mote de La conejita dealer no fue acuñado por este periodista. Lo retomé de un periódico capitalino que presentó una nota del reportero Carlos Jiménez, bajo la cabeza de “Brenda distribuía droga”, y como subtítulo de una fotografía en la que se aprecia a Quevedo Cruz disfrazada de “conejita” (incluida en el libro)”

En pocas palabras: Yo, Martin Moreno, no soy quién inventó el insulto, por lo que no soy culpable de usarlo (así como un asesino podría decir: no soy culpable de haber matado a fulano, porque no soy quién fabricó el arma que usé para dispararle. Y la comparación tiene sentido: las palabras son armas a veces más terribles y pueden hacer más daño que armas de fuego). Yo, Martin, no soy culpable de describir a Brenda Quevedo Cruz como una prostituta, una mujer de mala vida que se dedica a seducir hombres, a vender droga y a secuestrar, a pesar de no tener otro elemento para sustentar mis acusaciones que una foto de Halloween y una declaración ya preparada por Isabel Miranda de Wallace y firmada bajo tortura.

Voluntariamente, dejamos a un lado la protesta que formuló Martin, que la demanda en su contra no es legítima porque hay prescripción.

Opuse ante la demanda la “excepción de prescripción en virtud de haber transcurrido más de (2) años contados a partir de la conducta que la parte actora tilda de ilícita, esto es, la publicación de El caso Wallace”.

Me imagino que si el juez tomo el tiempo de convocarlo y la parte acusadora en audiencia, es porque dicha “excepción de prescripción” invocada por nuestro escritor, no tiene tanta validez.

El punto importante es éste: Martin Moreno niega rotundamente haber cometido algún acto reprensible. Afirma que no violó la presunción de inocencia de nadie (en este caso de Brenda). El argumento que invoca no consiste en que nunca se haya pronunciado sobre la culpabilidad o la inocencia de Brenda. Lo ha hecho y lo vuelve a hacer en su artículo. No… el argumento es básico: no violo la presunción de inocencia porqué uno tiene que ser la autoridad competente (jurídica) para respetar o violar dicho derecho. Entonces, la obligación de respetar la presunción de inocencia incumbe a personas que trabajan de leyes y a los demás no… el derecho de reserva de cualquier periodista objetivo cae en el olvido. Escribe:

“En la demanda se me acusa de violar “el principio de inocencia” de Brenda. Mi respuesta legal: “Es falso… toda vez que el mismo es un derecho procesal de carácter penal y no soy autoridad ni tengo facultades rectoras del proceso.”

¿A poco el hecho de no ser juez, o magistrado, o alguna profesión de ese tipo, nos da el derecho de decir todo lo que se nos antoja? Nos da el derecho de manchar la reputación de quién sea.

A ver que dice la constitución:

El artículo 6 de la Constitución política de los Estados Mexicanos dice:

LA MANIFESTACION DE LAS IDEAS NO SERA OBJETO DE NINGUNA INQUISICION JUDICIAL O ADMINISTRATIVA, SINO EN EL CASO DE QUE ATAQUE A LA MORAL, LOS DERECHOS DE TERCERO, PROVOQUE ALGUN DELITO…

Lo que quiere decir que nuestra constitución garantiza la libertad de expresión (la sagrada libertad de expresión bajo la que busca protección Martin) con tal de que no se perjudique a nadie. En el caso concreto del libro de Martin Moreno, dedicado a darle credibilidad a la historia creada por Isabel Miranda de Wallace, la publicación de fotos (hasta la foto de un menor de edad, el hijo de Jael Uscanga) adjunta a la mención repetitiva de que los acusados por esta señora son precisamente los verdugos del desaparecido Hugo Wallace, sin ninguna duda posible (ya que Isabel Miranda de Wallace no duda, más bien la verdad divina le habla a través de su intuición) viola la imagen y la reputación de los que aparecen en estas fotos, así como va en contra de la presunción de inocencia al presentarlos como secuestradores.
En esto reside el daño. La presentación ante los medios de comunicación, por medio de los famosos espectaculares propiedad de Hugo Wallace y de su madre, de los rostros de unos “delincuentes” sin que ellos hayan sido juzgados o sea declarados culpables. Lo mas significativo es que entre el caso Cassez (montaje de una detención que nunca sucedió en realidad en las circunstancias en las que vimos en la televisión) y el caso Wallace (acusaciones directas en contra de personas que fueron declaradas culpables sin que nunca se haya comprobado el secuestro de Hugo Wallace y mucho menos su muerte), hay una similitud, el mismo modus operandi: una violación sistemática a la presunción de inocencia, un efecto corruptor sobre el proceso judicial, un daño irreparable a la imagen, a la integridad moral de la persona a la que se acusa, cuando no hay ninguna prueba pericial que permita hacer pensar que estas personas hayan cometido algún ilícito. En el caso de Florence, el 9 de diciembre, tenía en su contra el testimonio de Ezequiel, un tipo torturado por la Policía Federal de quien se supo después que era hijo de secuestrador. Un tipo mentiroso y aleccionado. Nada más. En el caso de Brenda, se trata de una declaración incriminatoria de Juana Hilda, declaración ilegal, ya que fue tomada bajo tortura y amenazas. Misma declaración que Juana Hilda, una vez a salvo, invalidó y se negó a firmar.
Aquí ponemos los extractos de la declaración bajo tortura de Juana Hilda en la que acusa a Brenda, así como de la declaración siguiente en la que se retracta y explica los motivos para hacerlo.

Un daño irreparable, un daño que el libro de Moreno agravió, un daño, una ofensa repetida que la Asamblea legislativa del DF considera como un delito.

ASAMBLEA LEGISLATIVA DEL DISTRITO FEDERAL, IV LEGISLATURA

(Publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 19 de mayo de 2006)

Artículo 4.- Se reconoce el derecho a la información y las libertades de expresión e información

como base de la democracia instaurada en el sistema de vida fundado en el constante

mejoramiento económico, social y cultural del pueblo que tiene como presupuesto fundamental la

defensa de los derechos de personalidad de los mexicanos.

Artículo 5.- El derecho a la vida privada, al honor y la propia imagen serán protegidos civilmente

frente a todo daño que se les pudiere causar derivado de acto ilícito, de acuerdo con lo establecido

en la presente ley.

 

Artículo 6.- Los derechos de la personalidad corresponden a las personas físicas y son

inalienables, imprescriptibles, irrenunciables e inembargables.

La persona moral también goza de estos derechos, en lo que sea compatible con la naturaleza

jurídica de ésta.

Martin Moreno no parece tener consciencia de que cualquier derecho viene con un deber. En este caso, la libertad de expresión conlleva la obligación de decir la verdad y de no dañar a nadie.

Vilipendia la “estrategia desesperada y hasta tramposa (llevada por) la defensa de Brenda Quevedo Cruz” que consiste en “recurr(ir) a demandas legales contra periodistas y a versiones que al parecer buscan presentar a Brenda como la “Florece Cassez mexicana”, ante su futuro inevitable: la sentencia penal.”

Siempre me fascina la mala fe con la que lobos como Wallace, Moreno y Maria Elena Morera se apoderaron del estatus de víctimas y se vuelven a reivindicar victimas cuando más les convenga. Esos retoños de la administración calderonista, esos activistas infiltrados al mando del poder, han sido los lobos, los atacantes buscando legitimidad en sus acciones (acciones ilegales como la publicación de espectaculares en violación a la presunción de inocencia en el caso de Wallace)  presentándose como víctimas. En su artículo, Moreno se afilia a la estrategia de su comadre y mentora Isabel, y trata a su vez de presentarse como víctima: ¡víctima de una estrategia de defensa!

Los intocables de ayer se están dando cuenta que su tiempo se va acabando. Y temen. La “estrategia desesperada y tramposa” de la que habla Moreno no es tanto la demanda legitima de la familia Cruz por daño moral (y, podríamos agregar, enriquecimiento amoral) a Moreno y su editor, sino la suya: Moreno intenta usar nuevamente la vieja estrategia de la incitación al odio y a la locura contra individuos, manipulando nuestro deseo legítimo de seguridad y nuestra aversión natural al secuestro y al sufrimiento. En realidad, una realidad totalmente ajena a la versión de los hechos que narra en su libro, no hay ninguna prueba en contra de Brenda Quevedo Cruz – tampoco contra los otros acusados -,no hay ninguna prueba de que Hugo Wallace esté muerto (al contrario…). En su contra, Brenda tiene la voluntad tenaz de una mujer que persigue hasta el cansancio a quien se atreve a demostrarle que la teoría del secuestro de su hijo no es verosímil y que probablemente su hijo sigue vivo. Una mujer que no duda en considerarse más allá de las leyes y de la máxima autoridad judicial. Una mujer que violó la constitución al “hacerse justicia por su propia mano” cuando lo prohíbe el artículo 15 de la constitución. Una mujer sin embargo cada vez más sola y que ya no respalda la administración corrupta de Calderón con la que ella pactó.
Tuvimos que esperar 8 años (y en nuestro caso, trabajar más de 5) para lograr la liberación de Florence Cassez, acusada y condenada con base a testimonios falsos de parte de personas que probablemente nunca fueron secuestradas. Un caso fabricado por Eduardo Margolis, amigo de Isabel, Genaro García Luna (amigo de Eduardo), Luis Cárdenas Palomino (brazo derecho de Genaro), y aprobado por Calderón (un loco borrachón). Brenda ya lleva 7 años encarcelada. Su expediente esta vacío. No tiene el perfil de una secuestradora. Le pesa la mala suerte de haber sido novia de Jacobo Tagle a quien Isabel Miranda odia profundamente por una razón que todavía no podemos explicar, y la necesidad que tenia Miranda de fabricar una banda de secuestradores para acreditar la tesis del secuestro de su hijo.

 

“Recordemos que algunos de sus coacusados pertenecientes a la banda de secuestradores capitaneada por César Freyr eya fueron sentenciados: Freyre, a 131 años de prisión; los hermanosTonyy Alberto Castillo Cruz, a 93 años, y Juana Hilda González Lomelí, a 78 años. En proceso: Brenda Quevedo Cruz, detenida en 2007 en el restaurante Tapas Mojito, de Louisville, Kentucky, donde trabajaba bajo el seudónimo de “Nadia Vázquez, venezolana”; y Jacobo Tagle Dobin, aprehendido en diciembre de 2010.”

…Nos dice Moreno. Y olvida a Jael Uscanga, también acusado por Isabel, aunque no lo menciona Moreno como plagiario de Hugo. Foto espectacular Jael

 

Todos torturados. Y con mucha perseverancia, estamos ganando nuestro enfrentamiento a la lentitud complice de la CNDH de Raúl Plascencia para lograr que se compruebe la tortura a la que fueron sometidos. Lo mejor que puedehacer la CNDH para recuperar un poco de la credibilidad que 7 años de complicidad con Miranda le hizo perder, sería que haga su trabajo y deje de guardar en sus cajones las pruebas de tortura física y sicológica de todos los acusados por esa Señora.

En su ira y su odio a Florence Cassez que le inoculó Miranda, Moreno nos hace un regalo precioso. Nunca tuvimos la pretensión de considerar a Brenda como la Florence (Moreno escribe Florece) Cassez mexicana. El caso de Florence y él de Brenda no son los mismos. Tienen sus particularidades, sus especificaciones. Sin embargo, así como lo mencionamos en nuestra nota adjunta al artículo de Luis Miguel, existen similitudes: el mismo modus operandi, la misma violación sistemática a los derechos fundamentales y a la presunción de inocencia, la complicidad de los medios de comunicación y de los noticieros, el linchamiento mediático, la incitación al odio… A lo que se agrega, en el caso de Brenda: la tortura, de la que ahora tenemos una prueba contundente.

Y la Suprema Corte de Justicia tuvo el valor de afirmar la prioridad absoluta de las garantías individuales contra las arbitrariedades del Estado (Calderón), de las autoridades (Policía Federal), y de los poderosos (los “representantes” autoproclamados de la sociedad civil). También la denuncia importantísima del efecto corruptor enraizado en la violación a la presunción de inocencia. Wallace sabía que la liberación de Florence (inocente) significaba la posible libertad de los inocentes que ella acuso en su propio caso. Por eso estaba lista (loca) para organizar manifestaciones exigiendo la destitución de Olga Sánchez Cordero. Lo bueno es que nadie le hizo caso a esta pobre mujer dañada del coco. Ella y Moreno pudieron engañar el pueblo por el efecto de sorpresa cuando salió a la luz la historia fabricada del secuestro de su hijo, tan increíble que todos acabamos identificándonos con ella y con su supuesto dolor.

¿Qué decir del falso dilema con que Moreno termina su artículo?

“Ya veremos si la justicia capitalina actúa en favor de una sociedad agraviada por la criminalidad o respalda y se dobla ante una presunta secuestradora, como la SCJN lo hizo con Florence Cassez.”

Le podría contestar que la justicia no se dobla. Puede a lo mejor errar, como lo hizo durante 8 años con Florence Cassez, por el poder que ejercía un gobierno panista corrupto, por las amenazas (que hasta recibieron los Magistrados de la Suprema Corte), pero siempre gana. Siempre triunfa la verdad. Por esa razón, Martin, vas a caer. Y luego caerá Wallace. Es inevitable.


[1] Lo que explica las numerosas menciones de las sensaciones vividas por Isabel en su propio cuerpo.

p. 76: “Isabel sintió una descarga eléctrica en todo el cuerpo.”

p. 31 “Perdió el sentido y se desmayó. Parecía un infarto (…) Al cabo de unos minutos pudo recuperarse. Devastada por dentro, regresó al edificio y entró

 

Isabel Miranda de Wallace en peligro por Ley General de Víctimas

En respuesta al articulo de la revista SIPSE (publicado el 26 de marzo, 2013)
Quisiera contestar de manera más detallada las últimas declaraciones de Isabel Miranda de Wallace sobre la publicación de la Ley General de Víctimas.
Por el momento, lo que puedo decir es que si, efectivamente la Ley General de Víctimas servirá para proteger los derechos de Todos. A este precio podemos pretender vivir en una sociedad democrática.

Pero lo que le quiero contestar a Isabel es lo siguiente: la Ley general de Víctimas servirá también para proteger o restablecer los derechos de quienes fueron acusados injustamente y presentados ante los medios como delincuentes cuando no lo eran. Mas precisamente servirá para restablecer los derechos fundamentales de las personas que acusaste Isabel, que mandaste a torturar, que intimidaste directamente o indirectamente, que mandaste a golpear,… para que se declararan culpables

Brenda Quevedo Cruz, los hermanos Castillo, Juana Hilda, Jacobo Tagle y su hermano Salomon (¡un menor de edad! ver la foto), Jael Malagon Uscanga (¡que la Sra. dejó ciego!), entre muchos otros…

Isabel - Cartel 2a

Ya cambió la dirección del viento, ¿no lo sientes, Isabel?

El caso Cassez inició una nueva era en nuestro país, la era del respeto incondicional a los derechos humanos. Ese respeto sin excepción es nuestra única protección contra la fábrica de culpables, actividad ilícita, ilegal, inmoral a la que te dedicaste desde que inventaste el secuestro de tu hijo, desde que, por amistad con Margolis, te involucraste en el caso de Florence Cassez, desde que te metiste en el caso Martí para presionar a unas cuantas personas para que se declaren culpables del homicidio del joven Fernando que cometieron unos policías federales (ie cómplices de Garcia Luna) y no las personas que se presentaron como los miembros de la Flor.

Ya cambió el viento, y ya viene tu turno.

Atrás de la máscara de activista y defensora de las víctimas, está el verdadero rostro de la infiltrada de la administración calderonista. Se está cayendo tu teatro.

En fin.

Nolverto

@MXporFCassez

Wallace, Garcia Luna, Plascencia, Palomino, Calderon, Morera, Marti, Margolis…

Red de corrupcion en el gobierno de Calderón

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