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Rendija de justicia

El Mundo de Cordoba

Por Guadalupe Loaeza

Domingo, 25 Marzo 2012

Estimado don Arturo Zaldívar, ministro de la Suprema Corte de Justicia:

Con todo respeto, me dirijo a usted para felicitarlo por su valiente actuación en el caso de Florence Cassez, cuya sentencia proponía la liberación inmediata de la ciudadana francesa condenada a 60 años de cárcel por secuestro. Lo felicito porque, gracias a usted, muchos mexicanos pudimos percibir, aunque hubiera sido por unas semanas, una “pequeña rendija” donde podría penetrar la justicia. Hace apenas unas horas, Felipe Calderón en una de sus acostumbradas interferencias con los otros poderes afirmó que hacer justicia implica la “obligación elemental de que quien cometa un delito sea, verdaderamente, juzgado y castigado, y que nunca la interpretación de la ley sea la rendija por donde escape nuevamente la impunidad sino un verdadero instrumento del juzgador”. Vaya presión la suya, vaya presión de la opinión pública y vaya insistencia de las televisoras en confundir aún más a la opinión pública. Pero como usted bien ha dicho: “Los juzgadores no son representantes ni de mayorías ni de minorías, tienen la facultad y la obligación de anteponer la defensa de los derechos fundamentales frente a cualquier tipo de interés o de presión”.

No obstante, tres jueces de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia desecharon su proyecto de sentencia, usted ya demostró un gran ejemplo de congruencia y de honestidad profesional. En un país como México, donde campean y brillan por todos lados la corrupción y la ilegalidad, una actitud como la suya compensó mi terrible decepción con el resultado del veredicto del día de ayer.

Hemos de decir que a pesar de lamentar el hecho de que Cassez deberá permanecer en la cárcel todavía por algún tiempo, nos conforta saber que, gracias a su trabajo de investigación, cuatro de los cinco ministros afirman ahora que sí hubo violaciones a los derechos de la ciudadana francesa, durante su captura y la fase inicial de la averiguación previa. Es cierto, sólo tres se pronunciaron por concederle un amparo, y sólo usted y la ministra Olga Sánchez Cordero apoyaron la idea de liberar el mismo miércoles a Florence Cassez.

La ministra Olga Sánchez Cordero tiene ahora el expediente de la ciudadana francesa. Ella será la encargada de elaborar un nuevo proyecto de sentencia, el cual será presentado hasta después de Semana Santa. Respecto a lo anterior, el abogado de Cassez, Agustín Acosta, fue muy claro al decir: “(la ministra) tiene una larga trayectoria en la defensa de los derechos humanos y una amplia trayectoria judicial en específico donde los derechos humanos han sido violados”.

Déjeme decirle, señor ministro, que tengo la fortuna de conocer a Olga Sánchez Cordero, desde que las dos éramos compañeras de primaria en el Colegio Francés. Inútil decirle que era la más aplicada de la clase, era de las compañeras que mejor se sabía el Himno Nacional y que siempre se ponía de pie cuando veía pasar la bandera. Así la educaron con esos valores. En esa época también conocí a sus padres, ambos abogados. Andando el tiempo, seguí los pasos profesionales de la ministra, tanto como funcionaria y maestra de la UNAM, como una mujer liberal y protectora de los derechos humanos. La ministra es conocida por el respeto irrestricto de la Constitución y de la libertad de expresión. En otras palabras, el expediente de Cassez no podría estar en mejores manos.

Decía R. Badinter, ministro de Justicia con el ex presidente Francois Mitterrand y gran defensor de los derechos humanos, que la característica más importante del poeta francés Victor Hugo era su pasión por la justicia. “Como ningún hombre público de su siglo, Hugo fue el campeón pero de otro tipo de justicia, de una justicia más humana y de una justicia más fraternal”. Seguramente, así ve usted la justicia, señor Ministro, con fraternidad, pero sobre todo, con un gran sentido humano.

Obsesionado como estaba Victor Hugo con el principio de la justicia, defendió ante la Corte de “la Seine”, a su hijo Charles, quien el 16 de mayo de 1851, publicara un artículo contra la pena de muerte. Pues bien… es cierto, estoy de acuerdo, le faltamos el respeto a la guillotina. ¿Y sabe usted por qué, señor abogado general? Le voy a decir por qué. Porque queremos echar la guillotina al precipicio de la execración, donde ya cayeron, ante los aplausos del género humano el hierro candente, la tortura y la Inquisición. Por todo ello queremos hacer desaparecer el augusto y luminoso santuario de la justicia, representada por esa figura siniestra que es…¡¡¡el verdugo!!! Como queremos todo eso, queremos perturbar a la sociedad. En efecto, somos hombres muy peligrosos, queremos suprimir la guillotina! Es monstruoso!!! Inmediatamente después de la publicación y del discurso de Victor Hugo, la policía condena a Charles Hugo a seis meses de prisión. Por más que su padre hizo todo lo posible por defenderlo no pudo, y Charles es encarcelado el 30 de julio en la Conciergerie. Finalmente salió libre el 28 de enero de 1852 y viaja a Bruselas, donde se encontraba exiliado Victor Hugo, desde el 14 de diciembre del año anterior. Después juntos, padre e hijo, viajarían a Jersey.

Por lo que se refiere a Florence Cassez, “la guillotina”, de la que hablaba Victor Hugo, sería la condena a 60 años de prisión, por un caso apoyado en un montaje elaborado por García Luna, la policía y la fábrica, no de sueños, sino de culpables.

Con respeto y admiración.

Guadalupe.

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