Cinthya Cantú Muñoz, fabricada culpable

Fuente: AFCDDH

El 8 de noviembre de 2012 inicia lo que será una travesía llena de injusticia y dolor para la familia Cantú Muñoz. Son aproximadamente las 21:00 horas y Areli Cinthya Cantú Muñoz de 30 años de edad se encuentra en su domicilio en Ixtapaluca, estado de México. Con ella está su amiga y compañera de trabajo Itzel, con quien desde hacía tres meses compartía casa, también se encuentra en casa el hijo de Cinthya, de 13 años y dos de sus amiguitos.

Súbitamente golpean con gran violencia la puerta y comienzan a romper vidrios de las ventanas, en seguida hombres encapuchados entran a la casa gritando insultos, humillando y comienzan a golpear a las mujeres. Lo que era un hogar tranquilo en segundos se convierte en un infierno. Los niños lloran, las mujeres están aturdidas. Areli Cinthya no puede comprender que es lo que está sucediendo, jamás ha hecho daño a nadie. A rastras y tirones de cabello Areli e Itzel son sacadas del domicilio. Numerosos vecinos son testigos desde sus ventanas o desde las aceras, perciben como suben con lujo de violencia y en distintos carros a las dos mujeres. Los encapuchados también se llevan a los niños. Desde el automóvil en el que se encuentra cautiva, Cinthya alcanza a ver algo asombroso: los encapuchados detienen a un joven que camina tranquilamente con otro amigo y sin más ni más lo suben a otro carro.

Areli e Itzel y el joven son llevados a una casa; ahí se encuentran dos hombres, uno de ellos tiene el brazo, a la altura del codo, completamente inflamado de las torceduras que le han dado, se distingue como ambos han sido brutalmente golpeados. Las dos amigas, tienen registrado en sus celulares un número telefónico que pertenece a un taxista, a quien llaman frecuentemente cuando salen tarde del trabajo para que les de servicio. Los captores le dicen a Cinthya que lo llame, ella se niega y dice que no tiene saldo, la golpean para que llame y enseguida le piden lo mismo a Itzel quien también se niega a llamar, ambas alegan que es el taxista que suele darles servicio. Finalmente y tras múltiples vejaciones, Itzel le llama y lo cita en la casa. Cuando llega es detenido y pasará a ser parte de la “banda”.

La información falsa que divulgara la prensa, es que la casa en donde fueron retenidos injustamente Cinthya, Itzel y las demás personas, es una casa de seguridad donde la policía detuvo a toda la banda y liberan al secuestrado. En esta casa ponen a todos los falsamente incriminados contra la pared y les toman fotos, que más tarde serán destruidas pues registran la presencia de menores de edad. Los detenidos son de nuevo subidos a diferentes carros y tras un recorrido de aproximadamente quince minutos se paran en una calle. Cinthya ve que entran los policías en otra casa y sacan a Karen, otra compañera que trabaja con ellas, en su celular también está registrado el número del mismo taxista, pues las tres precisan por separado de sus servicios. Entre risas nerviosas los inculpados comienzan a preguntarse unos a otros que nombre le podrán a la banda: Los Zetas, La familia Michoacana, Los caballeros templarios…?? dieron en el clavo, será una célula de los “Caballeros Templarios”.

Los llevan a todos ante el ministerio público. Dos mujeres más aparecerán en escena para hacer un total de doce detenidos. Cinthya solo conoce a sus dos compañeras, al taxista y obviamente a su hijo y a sus dos amiguitos, a los demás “miembros de la banda” los desconoce por completo y ellos a su vez confirmaran lo mismo, no conocen a Cinthya. Para completar la falacia y hacerla parece real falta naturalmente la confesión. Este documento regularmente se presenta ya redactado, solo para que el acusado lo firme. Cintyha, que se sabe inocente, se niega a firmar, sin embargo sus captores tienen amplia experiencia en crueles prácticas de tortura: ponen a su hijo frente a ella, sacan una pistola y apuntan al niño en la cabeza, -tú decides, firmas o no–, le dice uno de ellos.

Así una buena mujer, una buena madre, se culpa para que dejen libre a su hijo. El pequeño queda libre junto a uno de sus amigos. El otro menor quedará definitivamente como miembro de la banda. Cinthya le pide a su hijo que de aviso a su tía de lo sucedido, el pequeño va con su tía Alejandra, le cuenta lo vivido, ésta le avisa a su madre y comienzan la búsqueda de Cinthya, quien para entonces ha sido trasladada a Toluca, junto con el resto de la “banda” en donde serán presentados a la prensa.

Los supuestos delitos de esta temible “banda” son tres secuestros y dos homicidios, además de extorsiones diversas y el cobro de derecho de piso a centros nocturnos. Después de las confesiones y el traslado el propio Procurador confirma que están todos confesos.  Pero ante el juez y según el relato de Cinthya, no sólo se les acusa de estos delitos, sino de 25 secuestros y 50 homicidios. Al entrevistarla, el 6 de junio de 2013, Cinthya explica que tan sólo se le sigue proceso por el secuestro de una persona, todo lo demás le ha sido retirado a la “banda”. Se encuentra dentro del proceso en desahogo de pruebas.

Algunas de las inconsistencias del caso, incluyen el secuestro de un hombre de 55 años el mismo 8 de noviembre por la mañana, cuando éste sale de su domicilio en su carro y que horas después será puesto en libertad. En este caso se implica a Cinthya quien supuestamente es detenida en una gasolinera cuando se dispone a cobrar el rescate y a su vez se ubica en la casa de seguridad como la persona que pone en libertad al secuestrado, momentos antes a cobrar el supuesto rescate. Es decir, al parecer Cinthya se divide en dos, una parte se queda en la casa y libera al secuestrado mientras que la otra parte está en la gasolinera cobrando el rescate.

La dirección que se da de la mencionada gasolinera no existe, además el secuestrado en dos audiencias dice no reconocer a nadie y en otra dice que Cinthya era una de las que lo retenían en la casa de seguridad. Otro absurdo en esta historia es lo que la supuesta “banda” pide de rescate: Una camioneta y dos aparatos electrónicos para repartir entre diez personas. En las fotos de prensa, la primera mujer de la izquierda con chamarra negra, es Cinthya ¿la detienen en la casa de seguridad o en la gasolinera? Sabemos que en ninguno de los dos lugares, pues Cinthya fue violentamente arrancada de su hogar.

Patricia Muñoz Omaña, tenía 54 años y era de profesión maestra. Por encima de todo era una amorosa madre y desde que se entera de que su hija Cinthya, -la segunda de tres hermanas- ha sido encarcelada, no deja de luchar por su libertad. Va ante ministerios públicos, ante el fiscal de secuestros del Estado de México y les habla fuerte, les exige la libertad de Cinthya. El cuatro de marzo del 2013, cuatro meses después de la detención de su hija, la maestra Patricia camina despreocupada por la calle, se acerca a ella una moto con dos individuos, escucha el ruido de un disparo y siente el impacto en su cuerpo, trata de voltearse pero no lo consigue, otros tres o cuatro tiros la alcanzan. Uno de ellos pega en su celular sin llegar a su cuerpo. La madre de Cinthya queda tendida en el suelo herida de muerte mientras que sus asesinos huyen del lugar.

Aún con vida es trasladada al hospital y poco antes de las siete de la tarde, Alejandra su hija mayor, Georgina la hija menor y uno de sus tíos reciben la tremenda noticia, Patricia ha fallecido. Dulce Georgina Cantú parece tomar el relevo de su madre y comienza una titánica lucha en busca de justicia. Apenas va a cumplir los 22 años, es estudiante universitaria y su vida ha cambiado por completo. Sabe a los peligros que se enfrenta, sabe que su vida puede estar en peligro, pero su principal objetivo en la vida, al margen de que sean detenidos y castigados los asesinos de su madre, es ver libre a su hermana y no deja de acompañarla todos los días de visita.

Cinthya se quedó sin abogado particular tras el asesinato de su madre, quien se encargaba de cubrir los honorarios, y a pesar de que la joven Georgina señala que se va a hacer cago de los gastos, el abogado no espera y renuncia. Ahora es defendida por uno de oficio, sus esperanzas de salir libre son grandes, pues sabe que es inocente. El menor de edad implicado en el caso recibió una sentencia de cuatro años, lo que no es buena señal para Cinthya, esperemos que con ella se haga justicia.

Además de la preocupación que nos embarga respecto al caso de Cinthya y del que esperamos una resolución justa y su completa libertad, debemos tener bien presente el caso de Georgina, su hermana, ella está en peligro y es obligación del gobierno proteger su vida, para ello nada mejor que detener lo antes posible a los asesinos de su madre. A ellos responsabilizamos de cualquier cosa que le pueda pasar.

Agradecimientos: Bere y Koldo Mikel

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