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Desde lo más alto de la verdad pura y transparente…

Por Grupo MXporFC – Oscar

El 16 de septiembre de 2014

 

Wallace angelita

“Desde lo más alto de la verdad pura y transparente,” de las nubes de los cielos azules desde los cuales Dios, los ángeles y el alma de su hijo descuartizado que nunca tuvo antecedentes penales platican diario con ella, la autoproclamada activista y voz de la ciudadanía que se cree la representante terrestre de la palabra divina, nos amonesta: “No caigan en la trampa de la Sra. Anabel Hernández cuyo único propósito es de difamarme.”

Síntomas de victimización sistemática cuando uno la contradice, reacción violenta a la contestación, rechazo radical de otra línea de pensamiento, convicción mórbida de tener la razón, de hacer lo correcto, aun y cuando lo correcto implica el uso de la violencia física y psicológica, identificación con la figura divina de la Santa Virgen cuyo hijo fue crucificado – el suyo fue, en la mente de la seudo-activista, descuartizado, otro paradigma de la crucifixión y del sacrificio -, convicción irracional de cumplir con el destino y la voluntad de Dios mismo, trastorno mental de la personalidad múltiple (María Isabel Miranda Torres, Isabel Miranda de Wallace,…), la patología de la que sufre la impostora más famosa de nuestro país tiene nombre : esquizofrenia.

A la diferencia de las otras personas que sufren de esa patología mental y a la que mandamos el abrazo mas fraternal, ya que luchan cada día para combatir con valor esa enfermedad, no solamente la esquizofrenia de Isabel Miranda de Wallace no recibió, al parecer, el tratamiento adecuado, sino que le sirvió para adquirir el poder y la fama de los que hasta hace poco gozaba incondicionalmente. A Isabel Miranda de Wallace le dieron poder. El criminal Felipe Calderón en primer lugar. El poder de decidir quién era culpable. El poder de calumniar. El poder de destrozar. El poder de presionar a los jueces. El poder de amenazar. En otros tiempos, gente con poderes semejantes se convirtieron en las figuras más sanguinarias de la inquisición. Más bien, la cruzada de Isabel Miranda es la figura moderna de la inquisición. Nuestra carga que como Mexicanos tendremos que asumir, tarde o temprano.

Un tiempo, nos identificamos con la increíble historia – con el cuento – de una madre desesperada luchando sola para encontrar a su hijo secuestrado, para hacerse justicia y cazar a los verdugos de su criado. Su aparente dolor se volvió el nuestro. Hartos de la impunidad, de la complaciente incompetencia de las autoridades con los grupos del crimen organizado, de la inseguridad, del temor, cotidiano, coincidimos con el rostro de esa mujer, desconocida y anónima, que pretendía ser una humilde maestra de preparatoria en búsqueda de su hijo… cuando no era así.

Tardamos, como muchos, en darnos cuenta de la trampa. Porque nos convenía creer en lo inverosímil. No queríamos admitir que nuestro odio a los secuestradores inducido por la campaña mediática de la Sra. Wallace a través de los espectaculares de su empresa de publicidad Showcase, no tenía ningún fundamento racional. Y por esa tardanza de la que somos responsables, les pedimos perdón a las víctimas cuyos rostros fueron expuestos a la vista de todos, tachados de secuestradores, de delincuentes y de asesinos.

Ahora Isabel Miranda de Wallace, sea cual sea su nombre real, trata de minimizar la importancia de las pruebas – contundentes, del dominio público y que no logró en desaparecer antes de que fueron encontradas – que fueron publicadas y difundidas por los medios de comunicación que decidieron dejar de cumplir con la línea de pensamiento gubernamental. Ahora Isabel Wallace nos quiere hacer creer que es la víctima de algunas personas aisladas que le quieren hacer daño. A ella, personalmente. Porque siempre se ha tratado de ella. Se valoriza a sí misma con ese estatus de víctima absoluta del que se ha apoderado de manera ilícita, fraudulenta.

Escrito por uno de sus acolites, el texto de introducción de la nueva campaña de Isabel Miranda de Wallace usa ad nauseam expresiones tan pesadas como falsas como la de “verdad pura y transparente”. Gracias a Dios, Isabel Miranda de Wallace y quienes la apoyaron no tienen el monopolio de la verdad. Isabel Wallace no se encuentra más cercana al divino que los demás. Esa pretensión enferma que la caracteriza es lo primero que debemos denunciar. Al contrario de la luminosa y ficticia verdad que nos propone, y a medidas que se está cayendo el teatro de Isabel Wallace, mas ruda, más verosímil, más evidente, mas fría, hasta más grosera nos aparece la simple verdad que siguen tratando de esconder bajo el estilo pomposo de quién escribe en lugar de la impostora Wallace: si Hugo Alberto Wallace estuvo secuestrado – y absolutamente nada nos permite corroborar que así fue -, no sucedió en las circunstancias que Isabel Wallace narró – o más bien nos gritó hasta adormecernos. Fue ella misma quien inventó el secuestro y el descuartizamiento de Hugo Alberto, ella quien fabricó una banda de secuestradores que nunca existió, apoyada por unos funcionarios que vieron en la esquizofrenia de Wallace una oportunidad para crecer en la administración.

Para quienes han tenido conocimiento de los documentos que se publicaron, de las investigaciones que se llevaron a cabo de manera estrictamente profesional, no cabe duda: el caso Wallace no es una historia de secuestro sino la de una vergonzosa simulación desde el principio. Una simulación planeada, orquestada por la familia del desaparecido. Más adelante tendremos que investigar el papel que desempeñó Isabel Wallace como agente del gobierno de Calderón y de gobiernos locales, para hundir las víctimas de la fabricación de culpables. Más adelante, tendremos que evidenciar quien o quienes sacaron algún provecho de lo que hizo Isabel Wallace.

Punto de mira actual de la campaña de ataque que Isabel Wallace lanzó bajo el pretexto de defenderse – como lo hacen mayoría de los despostes en ese mundo, Anabel Hernández no necesita a la verdad que la defendamos. Fuerte, esa periodista ha publicado las conclusiones de una pequeña parte de su investigación. Tampoco necesitarán ayuda los otros puntos de mira que Isabel Miranda, en su delirio, no tardará en señalar, en difamar, como siempre lo ha hecho, cumpliendo con su papel de acusadora pública del que ha sacado provecho. Esa es la última obra de Wallace, una obra vergonzosa que caerá por su propio peso. Sin ninguna duda.

desdelomasaltoverdadwallace

No somos héroes. Nos somos ángeles, ni santos, ni nada por el estilo. No queremos ni pretendemos serlo. Somos humildes ciudadanos indignados por el engaño en el que caímos. Como todos. Y a la diferencia de muchos, ya no queremos formar parte de los que se dejan engañar, voluntariamente, por interés o pereza intelectual. No queremos participar, con nuestro silencio y apatía, a la tortura que viven actualmente siete personas, todas inocentes.

Pero si Isabel Miranda de Wallace quiere llevar el asunto al terreno religioso como parece hacerlo, si quiere meternos en la posición de escoger entre la luz transparente de su seudo-verdad absoluta y el supuesto obscurantismo de los que la contradicen usando de su razón, entonces le podemos contestar que es la característica maestra de Satanás el Diablo de disfrazarse de ángel de luz y ocultar con ese disfraz su verdadera naturaleza y sus propósitos (2 Corintios 11:14).

Oscar V.

Grupo MXporFC

 

 

 

 

 

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  1. Sandra Pei
    17/09/2014 en 7:35 PM

    QUE SRA TAN SINICA Y LO QUE MAS ME ASORA ES LO SINISMO DEL PROCURADOR SABIENDO TODO SIGA TAPANDOLE QUE PENA DE GOBIERNO DA VERGÛENZA CON ESOS POLITICOS

  1. 17/09/2014 en 10:13 PM

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