Corrupta o Ignorante, Isabel Miranda de Wallace…

by Reporte Morelos

17 Oct. 2016

En reciente entrevista la Sra. Isabel Miranda de Wallace afirmo que en el estado de Morelos el trabajo hecho por parte del Gobernador Graco Ramírez y Alberto Capella en materia de combate al secuestro es un ejemplo que deben seguir otras entidades del país, lo cual nos hace preguntarnos si esta mujer es la indicada para presidir con credibilidad la fundación ALTO AL SECUSTRO, ya que expresa esta opinión solo por las estadísticas que el Gobernador Graco Ramírez afirma sin poner en duda la información cuando en el estado se vive un clima de temor por los altos índices de delitos que se cometen a diario, tanto secuestros, levantones, homicidios, cobro de piso, extorciones telefónicas, asaltos, robo de autos con violencia y muchos delitos más que se suman al clima de inseguridad no solo en la capital del estado si no por todos y cada uno de sus municipios, al afirmar lo que el gobierno del estado dice solo nos hace poner en tela de juicio la credibilidad de la que se había hecho acreedora por ser una madre que sufrió en carne propia el secuestro y homicidio de un vástago, razón por la cual inicio con el movimiento de lucha contra el secuestro por todo el país, esto nos hace sentir a los habitantes de Morelos que se ha vendido y que toda su labor solo es negocio para obtener recursos ya que el gobernador Graco Ramírez invierte mucho dinero del pueblo en comprar a medios, personalidades de la sociedad y empresas que limpien su imagen para poder tener oportunidad de competir en los próximos comicios, ya que se ha destapado como posible candidato a la presidencia de la republica, esperamos que la señora Miranda de Wallace solo sea ignorante de la situación real y no una corrupta que vende su opinión por unos cuantos pesos olvidando el sufrimiento que atravesó cuando su hijo fue privado de su libertad y asesinado.

COMENTARIO : otros que todavía no saben que el hijo de la Sra Wallace sigue vivo, escondido en el estado de Guerrero y protegido por el gobierno. Pero tienen razón, la Sra Miranda de Wallace se vende. Prueba:

En abril 2016

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En octubre 2016

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Luis Raúl Gonzalez Perez (CNDH) tunde a Miranda de Wallace

Excelsior

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Asegura la CNDH que no defiende a delincuentes

El defensor del pueblo aseguró que está a favor de que se cumpla la ley para todos, que a quien delinca se le aplique todo el rigor de la ley

CIUDAD DE MÉXICO.

El titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Luis Raúl González Pérez, rechazó que este organismo defienda a los delincuentes como lo afirmara la semana pasada la presidenta de la asociación Alto al Secuestro, Isabel Miranda de Wallace.

Entrevistado luego de participar en la presentación de la campaña “Sí acepto un México para Tod@s”, el ombudsman nacional afirmó que la Comisión de Derechos Humanos está a favor de la ley y porque se garanticen los derechos humanos.

Rechazo categóricamente toda afirmación, venga de quien venga, de que la CNDH defiende delincuentes. Es una falacia a través de la cual se trata de invisibilizar lo que verdaderamente debemos combatir”, asentó.

González Pérez refirió que la lucha es que los servidores públicos encargados de combatir el delito lo hagan “eficiencia, profesionalismo, respetando los derechos”.

La CNDH está a favor de que se cumpla la ley para todos, que quien delinca se aplique todo el rigor de la ley, estamos por el uso legítimo de la fuerza, pero debe ser un uso proporcional, racional, objetiva y con oportunidad”, sentenció el defensor del pueblo.

En ese sentido Luis Raúl González mencionó que el organismo nacional no está en contra del uso de la fuerza, e incluso se condenó la muerte de los cinco militares en Sinaloa, y se está a favor de la “dignidad de cualquier servidor público militar o policial, porque tengan proyecto de vida”.

Afirmó que la seguridad y los derechos humanos son totalmente compatibles cuando cada quien cumple con su deber bajo la tutela de la ley, por lo que declaraciones como las de Miranda de Wallace “confunden a la sociedad”.

Rechazar que en el combate a la delincuencia se combata cometiendo ilícitos, que se combata con todo el peso de la ley, con el uso de la fuerza legítima”, delimitó.

La industria de la caridad (parte III) : Isabel Miranda de Wallace

por José Luis Camacho Acevedo

18 de octubre 2016

SDP Noticias

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En México existe desde hace años una forma de allegarse fondos, sea para una persona o para un colectivo, que es la de crear instituciones, bajo las más diversas denominaciones y con los objetivos más disímbolos.

El tema surge de un cierto punto que es como un cruce de caminos en el que concurren la filantropía, las ONG’s, el marketing avanzado… y el dolor de millones de seres humanos.

La revista Eje Central publicó un reportaje sobre la doble cara de la “luchadora” Isabel Miranda, en donde la exhibe como un personaje que ya se ha convertido en una profesional para medrar con la tragedia que sufrió con el evento desafortunado de la desaparición de su hijo.

Pero después de lo que publiqué en días anteriores llegó a mis manos una nueva teoría, la cual habla sobre una versión sobre lo que en verdad ocurrió con el paradero del hijo de Isabel Miranda. Misma que no voy a mencionar porque carece de sustento pero me quedo con los siguientes datos:

1.-  De acuerdo a las investigaciones de la Asociación Canadiense por el Derecho y la Verdad, con sede en Montreal. El caso Wallace, como se ha difundido en México desde el 11 de julio de 2005, ha mantenido a seis personas encarceladas por años, auto-incriminadas bajo tortura. El presidente de la asociación, David Bertet, dio a Los Ángeles Press copia de documentos oficiales a nombre de Hugo Alberto Miranda Torres como evidencias de que Hugo Alberto Wallace Miranda está vivo y mantiene una doble identidad, igual que su madre.

Se trata de documentos oficiales expedidos en años posteriores a la fecha del supuesto homicidio, así como un puntilloso análisis comparativo, de 29 páginas, sobre las declaraciones auto incriminatorias bajo tortura, con las cuales sentenciaron a los inculpados. El documento además presenta las inconsistencias lógicas en las evidencias que ha presentado Isabel Miranda de Wallace a lo largo del proceso judicial, hasta obtener un acta de defunción, pese a no haber cuerpo de la supuesta víctima, en la que las causas de la muerte se dedujeron de una autopsia ficticia firmada por la médico forense Blanca Olimpia Patricia Crespo Arellano, con cédula 1878723.

2.- Otro documento que llamó la atención de los activistas franco-canadienses, fue la inscripción de Hugo Alberto Miranda Torres en la Cédula Única del Registro de Población (CURP) el 24 de febrero de 2010. Un documento que sólo el interesado puede obtener en ese país y el cual se obtuvo con el acta de nacimiento como documento probatorio.

3.- En el caso de Brenda Quevedo Cruz, quien fue torturada dos veces y violada, porque no ha aceptado incriminarse, se muestra como evidencia el Protocolo de Estambul presentado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos. El documento de once páginas fue elaborado con la declaración de una médica cirujana con especialidad en Psiquiatría, y certificada por el Consejo Mexicano de Psiquiatría, AC, de quien nos reservamos su nombre por seguridad.

Hacer de la caridad una “industria” –algo que parece prácticamente inevitable en nuestra época– comporta entonces dos series divergentes de consecuencias: eficiencia y burocracia; unión de fuerzas y desperdicio de medios; organización y competencia por el mando; presencia pública y hambre de aplausos; índices de logros y ansias de dinero.

Creo que es bueno presentar estas dos caras no sólo como un ejercicio de honestidad, sino ante todo como un ejercicio de purificación de la intención. No podemos suponer que un fin noble hará nobles los medios para lograrlo.

Caso Showcase: Wallace prefirió el silencio

Jonathan Nácar

EjeCentral 13 de octubre 2016

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Este semanario buscó el 5 de octubre a la presidenta de la asociación Alto al Secuestro, para conocer sus argumentos sobre los documentos que soportaban el reportaje que este semanario publicaría: “Isabel Miranda de Wallace. La cara oscura de una luchadora social”. Pero fue el día de cierre de edición, cuando la activista respondió que estaba dispuesta a hablar del tema y si no lo había hecho horas antes era porque había estado ocupada en diversas reuniones.

En la publicación se muestra cómo Miranda de Wallace echó a andar, desde hace algunos años, una estrategia legal para incrementar en un 40% la cantidad de anuncios espectaculares, muchos de ellos sin cumplir los requisitos que establece la normatividad, y mantiene esa misma maquinaria para frenar el crecimiento e incluso sacar a competidores del sector de la publicidad exterior de la ciudad de México.

Tras haberle informado que la edición ya había cerrado y que tendría abierta las páginas para exponer ampliamente sus argumentos, la activista respondió que contaba con la suficiente información para demostrar que los amparos que beneficiaron su empresa publicitaria no significaron ningún tipo de favor y, por el contrario, enfatizó en ese momento, se trató de “un derecho que tiene cualquier ciudadano”.  Al concluir esa breve conversación, Miranda de Wallace aseguró que contactaría al reportero que firmó el reportaje para ejercer su derecho de réplica.

Hasta el cierre de esta edición, la empresaria no ha enviado algún tipo de información o contactado a esta casa editorial para exponer sus argumentos.

Solamente el domingo 9 de octubre, a las 21:04 horas, es decir cuatro días después de la publicación, la activista mostró su descontento en un tuit que publicó en su cuenta personal: “… que triste que no investiguen a los corruptos y ensucien causas nobles”.

El reportaje muestra que a través de amparos concedidos por el Juzgado Octavo de Distrito en Materia Administrativa y del Noveno Tribunal Colegiado del primer Circuito; así como acuerdos con la Coordinación de la Autoridad del Espacio Público y con la Dirección General de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, a la empresa Showcase de Miranda de Wallace no se le aplican todas las reglas del Programa de reordenamiento de anuncios del gobierno capitalino, y obtuvo un lugar en el Consejo de Publicidad Exterior de la Ciudad, sin que forme parte de alguna asociación que la represente (como lo exige cap. 2, art. 8, fracción II, inciso 9 del Reglamento del Consejo de Publicidad Exterior).

›Aunado a ello, la estrategia en la que participa su sobrino Luis Alberto Miranda Mondragón –representante legal de Showcase Publicidad-, también incluye el trámite de solicitudes de transparencia de las que sólo en este año suman 734, las cuales han tenido como finalidad el obtener información de los integrantes de la industria, sus competidores, para interponer amparos o juicios de nulidad en su contra. Sólo este año, esa táctica representó 20 juicios que afectan al 28% de la industria.

¿Por qué le ha ido tan bien al changarro de la Wallace?

artículo del 2014. Muy buen resumen del caso. Excelente analisis.

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La Wallace, cuando fue fichada por impedir el retiro de anuncios espectaculares de su empresa.

Ahora que la persona conocida como Isabel Miranda de Wallace volvió a ponerse de moda gracias a una nota de Anabel Hernández en la revista Proceso, no nos caería mal recordar de dónde salió, aunque sólo sea para que vuelva a darnos roña la manera en que se construyen algunas de las figuras en nuestra vida política.

No voy a hacer un recorrido muy detallado, porque asumo que casi todos sabemos quién es, pero ahí va, para asegurarme de que estamos jalando del mismo hilo: La Wallace (así la voy a llamar, por facilidad, aunque tal vez ya ni ella sabe cómo se llama; más al rato les cuento ese chisme, si me da tiempo) saltó al mundo de la fama y el poder gracias al supuesto (subrayen esa última palabra) secuestro y asesinato de su hijo, Hugo Alberto. Tal vez suene como una manchadez ponerlo en esos términos, pero la verdad es que la señora no nos da mejor opción, porque nunca dejó pasar ni una oportunidad para sacarle provecho, en términos políticos y mediáticos (si es que son dos cosas distintas), a su caso. Y ahora que la investigación de la periodista pone al descubierto varios indicios de que Hugo Alberto en realidad esté vivo, la mierda al fin amenaza con desbordar la letrina.

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Brenda Quevedo. Actualmente presa como parte del caso Wallace.

Aún no recibe sentencia y su proceso ha estado lleno de ‘irregularidades’.

Desde el principio, el caso estuvo lleno de lo que los medios llaman “irregularidades” aunque hacen falta muchos huevos para sostener que confesiones obtenidas por medio de tortura, la fabricación y alteración de evidencia, manipulación de autoridades y testigos, encarcelamiento sin pruebas y tantos otros, son lo suficientemente lindos como para darles trato de meras irregularidades.  En el “caso Wallace” nada embona. Por ejemplo, nunca apareció el cuerpo de Hugo Alberto, ni se encontraron restos de tejido en el depa donde supuestamente lo descuartizaron con una motosierra, ni se resguardó ese depa sino hasta meses más tarde, ni hubo declaraciones congruentes de testigos. Y sí se tiene un mensaje grabado con lo que varios testigos identificaron como su voz (cinco meses después de su “muerte”), compras hechas con su tarjeta después de su secuestro (las cuales nunca se investigaron) y un trámite para obtener la CURP que sólo pudo haber hecho en persona. Sumen a eso que Hugo Alberto tenía antecedentes de contrabando de autopartes y que poco antes de su desaparición le había confesado a su novia que andaba metido en broncas similares al narco. Al menos tenía motivos para fingir la propia desaparición. Si se trata de jugar ahorcados, la versión de Anabel Hernández tiene más letras en su sitio.

De todos modos, aunque Hugo Alberto sí estuviera muerto, o incluso aunque los que están en la cárcel sean culpables (noten que lo estoy diciendo en condicional, güeyes), el caso ya se empuercó más allá de un punto en el que se podía obtener justicia. La otra mala noticia es que la Wallace ya lucró con él de formas que nos deberían dar ñáñaras, cuando menos: creó una fundación dedicada a pedir que se meta al bote por secuestro a tantas personas y durante tantos años como sea posible (Florence Cassez estuvo en su mira durante un buen rato), y gracias a ese valioso trabajo, fue candidata del PAN al gobierno del DF. Esa candidatura la obtuvo gracias a que el ciudadano Felipe Calderón, durante los años que tuvo el cargo de administrador de los putazos en el país, escuchaba música en las palabras de la Wallace y se la refundió como aspirante a los panistas porque para eso sirve ser jefe. Como era de esperar, su candidatura valió verga, pero la aprovechó para diseminar su discurso de mano dura, sin entender mayor cosa del contexto en que se genera la violencia (como puede verse en este artículo de su autoría, donde, entre otras cosas, dice que lo que se necesita para prevenir la criminalidad son “incentivos para trabajar más duro y luchar por la superación” y que una persona “con menos necesidad de delinquir, va a delinquir menos”).

La Wallace fue (es) parte de una ola de voces en el debate público, que ganaron presencia durante los últimos años, y que explican el surgimiento de campañas tan lindas como ésta, que seguramente todos recordamos:

Estas voces parecen convencidas de que reforzar los controles de seguridad, por encima de las garantías individuales y la presunción de inocencia, así como imponer penas más estrictas, podrá acabar con la inseguridad. Y digo que parecen, porque no me parece probable que se la crean. Sobre todo cuando ya se sabe que imponer castigos más estrictos no disuade a los criminales (y por lo tanto, no baja las tasas delictivas) y sí ayuda a que en un país con un sistema judicial como el nuestro, al que le sale pus donde uno le pique, haya cada vez más presos inocentes sin recibir sentencia o condenados hasta a 140 años de cárcel.

Porque eso acaba de suceder: ayer se publicó el decreto en el que se contemplan penas más elevadas para el delito de secuestro que, con agravantes, podría quedar hasta en eso mismo: ciento cuarenta años. Me intriga encabronadamente cómo es que nuestros brillantes legisladores llegaron a la conclusión de que una cifra como ésa corresponde a un castigo justo. No ciento treinta ni ciento cuarenta y cinco, sino ciento cuarenta. Tampoco sabemos si es que desconocen que la esperanza de vida en un país como éste es la mitad de esa sentencia (o, digamos, no sé, que hasta ahora es fisiológicamente imposible acercarse a cumplirla, y que por lo tanto, resultará muy difícil que se haga justicia en esos casos, porque todo aquél condenado a pasar un tiempo similar en cárcel escapará por vía de la trampa más vulgar: morirse.

Pero hasta donde se ve, eso no importa. El asunto es que una postura como ésta es redituable en términos de explotación emocional del público (en el plano mediático) y de los votantes (en el plano electoral). La razón puede ser que echarle gasolina a los ánimos vengativos, en un país que cada vez resulta más fértil para su cultivo, es una manera de apelar a la parte más básica de la vida social, la que en la historia resulta anterior a la civilización y en el individuo es anterior al control de impulsos. Es decir, la que llama a responder con lo primero que se viene a la mente (matar al que mata; torturar al que se tiene enfrente, aunque no se tenga el menor indicio de su culpabilidad, sólo mientras sirva como recipiente de la frustración), sin considerar la reparación del tejido social o la prevención de nuevos crímenes.

El ejemplo más fácil de esto son los Estados Unidos, que tiene la población carcelaria más numerosa del mundo (uno de cada cuatro presos del planeta está ahí), lo que no ha logrado acabar con la criminalidad: todos sabemos que también tiene el índice más alto de homicidios en números absolutos y que una parte desproporcionada de sus reos son negros, latinoamericanos o pertenecientes a una minoría discriminada. También, sabemos que es el único país del mundo occidental que sigue aplicando jovialmente la pena de muerte, muchas veces en procesos igual de jodidos que los de aquí. Es como un circo romano a puertas cerradas. Como catarsis social está muy chafa, pero como inversión política y monetaria permanente, parece que funciona a toda madre.

Aquí sucede, o empieza a suceder igual: además de ser un fertilizante electoral, la “guerra contra el crimen” es un negocio cada vez mayor. La fabricación de culpables, la venta de armas y equipo, el financiamiento federal a estados y el cobro de recompensas van haciendo crecer el changarro año con año. Y los primeros puestos en el organigrama del aparato de seguridad se van ocupando por gente que, como la Wallace, no tiene ni puta idea de los fenómenos sociales, culturales y económicos que incuban la violencia, pero que saben cómo engordar sus carteras gracias a ella.

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@InfantaSinalefa

“Estoy dispuesto a someterme a mi acusadora”: César Freyre, torturado por Caso Wallace

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César Freyre, inculpado y torturado por el falso secuestro Wallace. Foto: red

Luis Miguel Ipiña*

Hace unos días, César Freyre, tuvo un audiencia judicial en la que se declaró culpable. Se trata del supuesto jefe de la banda de secuestradores que según Isabel Miranda Torres, la señora Wallace, como gusta que le digan, secuestró y mató a su hijo Hugo Alberto Wallace, hecho por el que seis personas más están pagando en prisión, y lo más grave que han sido bestialmente torturadas con el fin de que se declaren culpables del delito que se ha demostrado fehacientemente que es falso.

La señora Wallace tiene un gran interés en que se declaren culpables, con este fin y –como se menciona– ha mandado torturar a los que ella dice “implicados”: uno de ellos es Juana Hilda González Lomelí a la que con una declaración efectuada por las autoridades la hicieron firmar y en la cual “delataba” a todos los cómplices, detenidos por espectaculares como el de la foto y con las debidas torturas.

César Freyre también se declaró culpable. Posteriormente denunció estas torturas y negó su declaración anterior. Otro tanto sucedió con Jacobo Tagle Dobín, otro de los acusados. Mientras tanto, una implicada más, Brenda Quevedo Cruz, pese a que fue torturada y amenazada de ser inyectada con sangre infectada de Sida, siempre se declaró inocente. Lo mismo sucedió con uno de los hermanos Castillo, ambos implicados en el caso y delante del cual la señora Wallace reconoció que él no estuvo en el lugar del crimen, incluso que no habían hecho nada, pero se tenía que inculpar o le iría muy mal.

Pero el caso que nos ocupa ahora es la reciente declaración de César Freyre, en la que –dando la razón a su acusadora– declara que no fue torturado y que sí hizo todo lo declarado en audiencias anteriores donde además de inculparse él, inculpaba a los demás acusados. Esto ha llevado a numerosas personas a decir que “se ha vendido”. Al margen de que hay personas que atestiguan que vieron a la señora Wallace hablando varias veces con la madre de César, pienso que más que venderse por dinero, ya no pudo soportar tanta tortura.

Tengo en mi poder copias de unas cartas donde César escribe a unas tías y cuenta las varias veces que lo cambiaron de prisión y cómo era golpeado en cada traslado, siendo el último de una gran violencia que lo mantuvo días sin poder dormir. Durante días no le dieron la medicina que necesitaba para su pierna, al parecer padece el síndrome de Raynaud, lo que hizo que su pierna se fuese infectando con el riesgo de perderla. Por demás, significativas son sus últimas palabras:

“Tías tengo una intensa desesperación, hasta estoy dispuesto a someterme a mi acusadora. Tengo ganas de mandarle decir a la señora ahora que es lo que quiere que yo haga, con la finalidad que ya me quiten la consigna de tenerme así”.

Como se desprende de este fragmento de carta, hasta ahí llegó Freyre y ya. Más que su libertad, su deseo es que dejen de torturarlo, y para ello ha de complacer a la señora quien por encima de todo necesita tener un culpable para convencer que su hijo está muerto. Un caso por demás indignante, donde los acusados no tienen la posibilidad de una defensa justa, y hasta quienes lo defienden pueden tener represalias, como fue en mi propio caso.

Es absurdo pensar que Freyre va a declararse culpable sólo porque sí, cuando sabe que se juega todo el resto de su vida en la cárcel. En el caso de Juana Hilda –quien de igual manera dice Isabel Miranda que no fue torturada– es raro que delante de la policía se declare culpable, y a mí me cuente sin la más mínima presión que es inocente. Desde luego, difícil se nos pone el asunto a los que estamos seguros de la inocencia de estos jóvenes si ellos mismos se declaran culpables. De todas formas y tras haber estudiado el caso con detenimiento, sabemos que es así, y debemos alzar nuestra voz por ellos para que cese semejante injusticia.

*El autor es escritor vasco, propietario del blog “Carcel de Mujeres”. Su más reciente obra es Tras las rejas de Chiconautla.