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Carta de Brenda Quevedo Cruz, privada de su libertad desde hace 9 años

El pasado 23 de noviembre, Brenda Quevedo Cruz, falsamente inculpada en el falso secuestro del inexistente Hugo Alberto Wallace Miranda, cumplió 9 años en prisión.

Aún no ha recibido sentencia.

Nos envió esta carta (también publicada en Los Angeles Press)

carcel2.jpgCentro Federal de Readaptación Social número 16, ubicado en el Municipio de Coatlán del Río, Morelos. Foto; red

Brenda Quevedo Cruz*

Hoy todavía es de noche, aún no destellan los primeros rayos del sol y sin embargo ya debo estar vestida con un uniforme color beige que parece ya mi segunda piel. Me preparo para el conteo de cada mañana, el primero de muchos del día, lo que se conoce como “pase de lista”.

Así empiezo todos los días de mi vida en estos últimos nueve años desde que fui encarcelada por el falso secuestro y homicidio de Hugo Alberto Wallace Miranda, el famoso caso fabricado por su propia madre. Pero no sólo me despierto cansada de pensar en ello, a veces también despierto con el recuerdo de un hermoso sueño producido por unos momentos en que mi mente puede salir de esta prisión para despertar en casa.

No obstante, lo que roba mi primer pensamiento cada mañana, sin falta, es la súplica a Dios porque todo esto termine pronto, no sin antes darle las gracias también por un día más de vida, por una oportunidad más de seguir aprendiendo.

Por más que quisiera buscar las palabras para poder expresar mi sentir en este tiempo de reclusión, no creo encontrarlas más acertadas a este sentimiento que arde de dolor dentro de mí, que hace que mi alma y mi corazón se encojan al ver que sigue pasando el tiempo en esta caja de pandora, donde las sorpresas han sido extremas.

He sentido tanto dolor físico causado por la tortura, tanto dolor moral porque se me ha crucificado y sentenciado sin siquiera tener aún el veredicto de un juez. También he reído al conocer gente con la que he compartido buenos momentos, pues aun aquí, en esta fortaleza de concreto, he tenido el gusto y el orgullo de conocer corazones tan bellos y sensibles como flores flotando en un pantano. Definitivamente me quedo con los buenos recuerdos y enseñanzas que he obtenido durante este largo viaje que me han obligado a emprender.

¿Hacia dónde voy? Todavía no lo sé muy bien. La incertidumbre es el pan nuestro de cada día en lugares como éstos, somos números, personas sin voz, seres obedientes que sólo debemos esperar indicaciones, desde salir al pequeño comedor a tomar los alimentos o darnos un regaderazo de cinco minutos. Para todas esas simples actividades que para la gente en libertad pareciera algo tan irrelevante por ser normal, aquí es una actividad programada, la cual no tenemos opción de escoger cuándo o cómo quisiéramos realizarlas.

Sin explicación alguna, también pueden trasladarnos de un centro a otro por cualquier motivo, no importa si nos alejan o nos acercan a nuestra familia; si nos humillan o nos golpean durante el trayecto, si somos inocentes o culpables; para ellos da lo mismo.

Desde mi detención en Estados Unidos en noviembre de 2007, hasta el día de hoy, me han trasladado ocho veces, de una cárcel a otra. Unas menos duras, otras peor, pero al fin cárceles.

Aquí, nada me pertenece, ni la ropa que traigo puesta, sólo mi fe y mis pensamientos, esos sí son míos, y son libres para volar e imaginar tantas veces la misma escena: mi familia, mi libertad, mi felicidad, el regreso a mi vida normal, terminar esta pesadilla. A veces alucino que es ésta mi realidad, y aquella vida tan bella que alguna vez tuve, es un hermoso sueño que se hace cada vez más vago en mi mente.

Lo que sí sé es a dónde me gustaría llegar. A recobrar lo que me han arrancado estos nueve años. Soy como un ave al que arrancaron sus alas y quedó viva para morir de tristeza paulatinamente, viendo el cielo sin poder emprender el vuelo.

Pero luego vuelvo en sí, recapacito y saco fuerzas para pararme de nuevo erguida, con la cabeza en alto, tomar las armas que me ayudan a pelear que es el amor de mi familia y la esperanza que me brinda, aunque siga lidiando con este desgastante proceso legal en donde tengo que probar que no soy culpable, sin que las autoridades cumplan con los principios básicos de nuestra Constitución, que es la presunción de inocencia, nuestra garantía a no ser torturados, nuestro derecho a un debido proceso, pero aquí, en este país, como en los tiempos de la inquisición, basta una voz del poder corrupto para señalar a alguien como culpable y aun cuando se demuestre lo contrario, su caprichosa voluntad será más fuerte que la ley misma.

Pero sigo de pie, en lucha, lista para lo que venga, porque confío en que ganaré esta guerra, aunque haya perdido mil batallas. Porque la Justicia de Dios no es la misma a la de los hombres y mujeres que juzgan a discreción, porque la Justicia Divina no se corrompe.

Quiero dar las gracias también a las personas que siguen creyendo en mi inocencia, y se han unido a esta gran lucha que es la de los culpables fabricados en México, que sin duda ganaremos en alguna instancia. Dios los bendiga por defender la Verdad y la Justicia, por tener esa humanidad que es esencia del “Ser” y por no haber perdido esa empatía con el dolor ajeno, porque no sólo soy yo, somos miles de personas que estamos en circunstancias similares peleando contra un monstruo de siete cabezas que parece invencible que es el Estado, pero un estado fallido que tarde o temprano tiene que transformarse por el bien de todos y cada uno de los mexicanos que los sostenemos. Gracias por seguir hombro a hombro luchando con nosotros.

¡Juntos, hasta la victoria por un México libre!

BRENDA QUEVEDO CRUZ

Coatlán del Río, Morelos Noviembre 2016

*La autora es víctima del Caso Wallace, fabricado en julio de 2005, por Isabel Miranda Torres, quien la acusó, junto con otras seis personas, del secuestro y homicidio de su hijo Hugo Alberto Wallace Miranda / Hugo Alberto Miranda Torres, de quien se han encontrado rastros de vida.

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Categorías:Sin categoría
  1. 02/12/2016 en 8:08 PM

    Algun día no muy lejano la justicia llegará no pierdas la fe, yo creo en tu inocencia

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