Un caso al cazo

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Jorge Chessal Palau / PULSO

Es difícil, cuando se escribe una columna como esta, despegarse de la formación profesional que, a lo largo de los años, ha venido siendo mi cotidianidad. Por eso, en muchas ocasiones, me refiero a cuestiones jurídicas y doy opiniones al respecto.

En esta ocasión lo haré a partir de diversas informaciones periodísticas a las que he dedicado un buen tiempo, de las que se deduce, mediante el cruce de datos y referencias, que podemos estar en presencia de un gran engaño o, por lo menos, una burda manipulación de hechos, verdades a medias y mentiras completas, inferencias falaces e injusticias injustificables.

Durante el tiempo transcurrido entre julio de 2005 y el día de hoy, el caso de la desaparición de Hugo Alberto Wallace Miranda (así se ha designado a la aparente víctima, aunque ya rondan dudas sobre su verdadero nombre) no ha dejado de ser tema de análisis y discusión. Sin embargo, es en lo que va del año que serios cuestionamientos, algunos que venían ya de tiempo atrás, se han hecho más fuertes y han dado lugar a que, en los procesos, aún no sentenciados, de algunos de los inculpados, las cosas puedan cambiar y llegaren a la absolución. Igualmente se ha ordenado por el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz, la apertura de una carpeta de investigación sobre los hechos denunciados por Guadalupe Lizárraga en su libro “El falso caso Wallace”.

Anabel Hernández, José Reveles, Ricardo Raphael y Guadalupe Lizárraga son cuatro extraordinarios periodistas que, con el mazo de la lógica dura y el argumento certero, dan de golpes para derrumbar lo que se convertiría, al lado del caso Cassez, en una de las mayores vergüenzas del sistema judicial mexicano.

Me referiré esencialmente a dos de los aspectos que más llaman mi atención: la famosa gota de sangre y el acta de defunción de Hugo Alberto Wallace Miranda.

No obstante que la desaparición de Hugo Alberto ocurre en julio de 2005 y que fue realizado un cateo, a los pocos días de su desaparición, en el domicilio donde supuestamente fue visto por última vez, al repetir esta diligencia (cateo) en febrero de 2006, se “encontró” una gota de sangre de la que hay serios cuestionamientos sobre sobre su autenticidad, puesto que, según se ha dicho, no contiene información genética que la identifique como del desaparecido, sino que se trata de sangre femenina, con marcadores, eso sí, familiares. La perito que hizo el análisis dijo posteriormente que se equivocó al redactar el análisis y que confundió el teclado de la computadora al escribir, porque puso XX queriendo anotar XY. Si se equivocó en un detalle tan trascendental, como establecer el sexo del aportante ¿no podría haberse equivocado en otra cosa?

Sobre el acta de defunción de Wallace se anota, como causa de muerte, insuficiencia respiratoria aguda, asfixia mecánica por estrangulación, asfixia mecánica por compresión toracoabdominal. Lo curioso es que jamás se ha encontrado el cadáver de Hugo Alberto Wallace. La referencia al motivo del fallecimiento se ha obtenido de la declaración de uno de los acusados, quien denunció que fue torturado. También resulta de interés que se trata de un acta levantada en 2013, varios años después del supuesto fallecimiento.

Al margen de si, en efecto, hubo o no tortura, lo cierto es que, una gota de sangre descubierta varios meses después, aun cuando fuera de Hugo Alberto Wallace y no hubiera duda de eso, solo probaría que estuvo en ese domicilio en algún momento, antes o después de su supuesta desaparición, pero en forma alguna sería un elemento que permitiera concluir su fallecimiento en ese lugar, ni tampoco es dable demostrar si esa gota llegó ahí antes de julio de 2005 o después de esa data y hasta febrero de 2006, en que ocurrió el milagroso hallazgo de una gota de sangre no alterada, no corrompida, siete meses después.

Por lo que hace a la causa de defunción, es importante destacar que, ante la ausencia de un cadáver, no se puede asentar una causa de muerte, como sucedió con el asunto que nos ocupa, acorde las disposiciones legales aplicables en materia de registro civil, pues, en todo caso, se debe seguir el procedimiento judicial de declaración de ausencia y, posteriormente, la declaración de presunción de muerte decretada en sentencia y acorde las disposiciones de la legislación civil aplicable, en este caso, la vigente en el otrora Distrito Federal.

De esta forma, una gota de sangre no prueba nada sino solo la circunstancia de que fue encontrada en ese lugar del descubrimiento, en tanto que el acta de defunción resulta atentatoria contra la más elemental lógica, ya que, aun y cuando lo dicho por el acusado confeso (aparentemente bajo tortura) fuera cierto en cuanto a la descripción de los hechos, no se podría afirmar, sino solo presumir, la causa de la muerte, añadiendo la extemporaneidad de su expedición a las dudas que genera este documento.

Vi el programa Espiral del periodista Ricardo Raphael en canal 11, donde entrevistó a Isabel Miranda, madre de Hugo Alberto Wallace; no escuché de ella algún argumento suficiente para pensar en una culpabilidad de las personas sentenciadas o por sentenciar. De hecho, de toda la información que he recopilado, llego a la conclusión que existen lagunas de tal extensión que no debería haber ninguna sentencia condenatoria, por lo menos a la luz de la información conocida.

Así, el caso Wallace se desmorona.

@jchessal

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La gota que derrumbó el caso Wallace

Revista Consideraciones

En México todo se puede. Incluso, fabricar un asesinato con sólo una gota de sangre. Así fue como María Isabel Miranda Torres lucró con su hijo, para obtener poder y prestigio.

El 12 de julio del 2005, es presentada una denuncia por la desaparición de Hugo Alberto León Miranda (FALSO, fue por la desaparición de Hugo Alberto Wallace Miranda), sin haber cumplido las 24 horas requeridas para realizarla. A partir del verano de ese año, varias avenidas principales de la ciudad fueron tapizadas con espectaculares (de la empresa Show Case Publicidad) con leyendas de este tipo: Estoy desesperada…A un año del secuestro de mi hijo, sigo sin poder encontrarlo. Se recompensará con $350,000 M.N. a quien nos de información fidedigna para su localización exacta. Debajo, el teléfono celular: 04455 28576623 y el correo electrónico: altoalsecuestro@yahoo.com.mx. Al costado izquierdo, la fotografía de Hugo Miranda Wallace. Es así como lo que parecía un desesperado llamado de auxilio, se convirtió en un show mediático, donde prevaleció la polémica y el protagonismo, por encima del protocolo de actuación legal.

Curiosamente, el caso que llevó a prisión a 11 personas por el secuestro, tortura y asesinato de Hugo, estuvo plagado de una serie de irregularidades, fallas y anomalías que han sido recurrentemente denunciadas con el paso de los años. Una de ellas, es el manejo del caso a cargo de la entonces PGR (Procuraduría General de la República), ahora FGR (Fiscalía General de la República) por medio de la ahora extinta SIEDO (Subprocuraduría en Investigación de Delincuencia organizada) siendo que el supuesto secuestro era un delito de fuero común y, por ende, se debió haber encontrado a cargo de la PGJDF (Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal). El manejo de la investigación a cargo de la primera instancia, reveló una relación de complicidad entre la madre de Hugo y el Gobierno Federal de ese momento.

A lo largo de la investigación el cuerpo de la “víctima” nunca fue encontrado. Pese a que Miranda Torres asegura que su hijo fue descuartizado con una sierra eléctrica en su domicilio—departamento 4 ubicado en la Alcaldía Benito Juárez, Colonia Extremadura Insurgentes, calle perugino número 6—sin embargo, la escena del crimen nunca fue asegurada por las autoridades, dejando el inmueble sin vigilancia durante un período de tiempo prolongado. 7 meses después, la única prueba que fue encontrada en el lugar de los hechos, fue una gota de sangre (de un centímetro de longitud) en el baño, elemento que utilizó la PGR como la prueba contundente e irrefutable para asegurar que el homicidio se llevó a cabo.

Derivado del análisis realizado a la gota de sangre, la perito Yanet Rogel Montes concluyó que correspondía a una mujer, sorprendentemente, cuando la forense realizó su declaración ante el juez, ésta afirmó haber cometido un “error de dedo” ya que en realidad la sangre pertenecía a un hombre.

No solamente la gota de sangre fue una prueba presentada para sustentar el caso, pues también Blanca Olimpia Patricia Crespo Arellano, médico forense, realizó un dictamen de autopsia, en el que se describe la causa de la muerte: “insuficiencia respiratoria, asfixia mecánica por estrangulación, asfixia mecánica por compresión toracoabdominal”. Nada de raro tendría ese dictamen, de no ser porque—reitero—el cuerpo nunca fue encontrado.

Mediante una prueba de ADN realizada a los padres biológicos de la “víctima”; Isabel Miranda Torres y José Enrique Wallace Díaz, se estableció que la sangre pertenecía a Hugo Alberto. Empero ante el registro civil, el padre de Hugo Alberto es Carlos León Miranda, quien, junto con su madre, Isabel Miranda Torres (su prima) registraron a su hijo el 10 de octubre de 1970 en Xochimilco.

De este modo, se descubrió que Hugo Alberto tiene tres identidades distintas, puesto que, ante el Estado, se encuentran 3 actas de nacimiento, con fechas, zonas y nombres de registro diferentes: noviembre de 1975, enero de 1970 y octubre de 1970.

¿Quién es en realidad Hugo Alberto León Miranda? ¿falleció en 2005 o continúa vivo?

wallace pan calderón
Imagen: Internet

Un extenso artículo del medio Los Ángeles Press titulado: La vida turbia de Hugo Alberto Wallace Miranda y su misteriosa desaparición, firmado por Luis Vargas y fechado el 30 de marzo de 2015, recoge los testimonios que aclaran puntos importantes del caso, pero además, aporta nueva información que refuerza todavía más, la posibilidad de un montaje con el fin de blindar a León Miranda. Ya que, en 2006, José Luis Moya dio a conocer el testimonio de la vecina de Hugo Alberto, y su ex novia, Vanessa Bárcenas, sobre la investigación que tenía en su contra por delitos como narcotráfico y contrabando. Una fotografía de Hugo posando con una ficha signalética, complementa la información aportada y da cuenta de los antecedentes penales que había cosechado. En ningún momento Hugo Alberto pasó un período prolongado en prisión gracias a—en palabras de Moya—la señora Wallace intervino y salió Hugo bien librado de ese asunto”.

Existen varios indicios que incrementan la posibilidad de que Hugo Alberto se encuentre vivo. El primero, un cargo realizado a una de sus tarjetas de crédito el 20 de julio de 2005 (8 días después de su desaparición), para realizar pagos en el restaurante Los Arcos y Liverpool Perisur. El segundo, un extraño mensaje grabado la madrugada del 1 de noviembre de 2005, en el teléfono celular de José García Sepúlveda. El mensaje decía:

“Qué onda. Mira, anda hasta la madre, güey; ya sé que te fallé, pero me vale verga. ¿Qué? Aquí puto… güey. Mírame, aquí pisteando, güey. ¿Sabes qué, güey, sabes quién me jugó…?”

Una de sus exnovias y otras tres personas cercanas, declararon a la PGR que la voz correspondía a Hugo Alberto.

La gota de sangre que podría tirar el “caso Wallace”

¿Qué es un caso Wallace?

Mayo 06 2019

Cuestione

El caso sobre el secuestro  –hace 14 años– del hijo de Isabel Miranda de Wallace, presidenta de la asociación civil Alto al Secuestro volvió a la escena pública.

Y es que reapareció Carlos León Miranda, padre biológico de Hugo Alberto Wallace Miranda, quien ofreció una conferencia de prensa en el Senado donde afirmó que la gota de sangre, encontrada en los peritajes de febrero de 2006, no es de Hugo Alberto Wallace Miranda, sino de Claudia Wallace Miranda, hija de Isabel y José Enrique del Socorro.

León retomó información publicada en un donde se detalla que Hugo Alberto en realidad tenía los apellidos León Miranda y habría sido producto de su matrimonio con Isabel Miranda. Sin embargo, Isabel Miranda ha asegurado en diversas ocasiones que contrajo matrimonio con José Enrique del Socorro Wallace Díaz y que Hugo Alberto era hijo de ambos.

La investigación señala que todo empezó cuando Isabel Miranda se divorció de Carlos León al tiempo que vivió una relación con el señor Wallace a finales de 1974. La pareja tuvo una hija de nombre Claudia Wallace Miranda en 1975 y se casaron en 1978. El nuevo esposo de Isabel reconoció como hijo propio a Hugo Alberto y le dio su apellido.

A Hugo Alberto Wallace Miranda lo asesinaron en un departamento de la colonia Extremadura Insurgentes la madrugada del 12 de julio de 2005, según reportó la Procuraduría General de la República (PGR), aunque el reportaje de la revista señala que se murió por un paro cardiaco.

Al día siguiente del asesinato, el esposo de Isabel Miranda fue a la dependencia para denunciar la desaparición de su hijo.

Pero no fue sino hasta siete meses después de la muerte de Hugo Alberto que -en un segundo peritaje- la procuraduría encontró una de las pruebas del crimen en el departamento, que ya había sido rentado y en el que no hallaron nada en la primera revisión: Una gota de sangre en el baño.

Para Isabel Miranda de Wallace hay otras pruebas en el caso, como las declaraciones de los presuntos culpables. Sin embargo, versiones periodísticas, señalan que habrían sido tomadas bajo tortura.

Proceso asegura que la sangre encontrada seis meses después, correspondió genéticamente, según análisis de laboratorio, al ADN del señor Wallace… el hombre que le dio el apellido a Hugo Alberto, pero que no era su padre.

El reportaje cuestiona cómo es que la sangre corresponde al segundo marido de Isabel y no a Carlos León de quien, consta en actas, sería hijo biológico Hugo Alberto.

La versión que Isabel Miranda de Wallace presentó a las autoridades decía que fue secuestrado y asesinado por Juana Hilda González Lomelí, César Freyre Morales, Jacobo Tagle Dobin, Alberto Castillo Cruz, Tony Castillo Cruz, Brenda Quevedo Cruz, y Jael Uscanga Malagón.

Todos están en prisión señalados como responsables de la muerte de Hugo Alberto desde 2013. Eso, mientras Miranda de Wallace participó por la jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal en 2012 con el Partido Acción Nacional (PAN), y es con ese partido con quien más relación ha tenido en los últimos años.

Dos años atrás, el presidente Felipe Calderón le había entregado el Premio de Derechos Humanos por su “trayectoria en la promoción y defensa de los derechos humanos de las víctimas del secuestro”.

Miranda de Wallace responde

Isabel Miranda publicó en su cuenta de Twitter un comunicado asegurando que el reportaje publicado compromete su dignidad. La presidenta de la asociación civil Alto al Secuestro mencionó que no se distraerá en “desmentir la sarta de calumnias que escriben los defensores de los secuestradores” de su hijo.

En el mensaje confirmó que Hugo Alberto fue secuestrado y asesinadoen 2005 y que sus restos fueron desaparecidos, por lo que solo se desvía la atención de lo ocurrido.

Isabel Miranda W

@WallaceIsabel

COMUNICADO Sobre los ataques y difamaciones de los que he sido víctima
No haré más declaraciones sobre el tema

280 people are talking about this

Cuestione buscó a Isabel Miranda de Wallace para conocer su versión de los hechos, pero se negó a dar más información hasta que terminen las reuniones con sus abogados para saber qué decisión tomarán respecto a lo revelado.

Puede haber revés

David Peña, abogado penalista, comentó en entrevista para Cuestione que el juicio se puede caer si se lleva a cabo una prueba de ADN con el padre biológico. Esto, porque la gota de sangre pudo haber sido de algún familiar de Isabel Miranda –como dijo Carlos León– y no de Hugo Alberto.

Peña comentó que, independientemente de otras inconsistencias o errores que haya en la investigación, lo de la gota de sangre es parte esencial para que se ponga en riesgo el proceso por el que fueron encarceladas nueve personas.

“Incluso la presunción de muerte y la presunción de haber desmembrado el cuerpo o desaparecido el cuerpo, la basan en la identificación genética de esa muestra de sangre, pero no tienen el cuerpo, no tienen otros restos, no tienen nada con que presumir tanto el secuestro, como el asesinato, como la posible desaparición del cuerpo”, explicó el abogado.

David Peña concluyó : “No hay algún otro indicio que pudiera señalar que el cuerpo o esa persona estuvo ahí”. Lo que se puede hacer es utilizar los recursos legales y así demostrar que la persona asesinada en 2005 probablemente no sea Hugo Alberto.

Caso Wallace: la gota de sangre. Pantanoso caso judicial

Astillero de Julio Hernández López

Sociedad civilcon FCH y EPN

http://mujeresporlademocracia.blogspot.com/2019/05/astillero-de-julio-hernandez-lopez.html

Durante una larga temporada (desde el último año de gobierno de Vicente Fox hasta el último de Enrique Peña Nieto), Isabel Miranda de Wallace ejerció el poder de entreverarse y torcer el funcionamiento de los aparatos de procuración e impartición de justicia a cuenta y cuento de una autoasignada representación de la sociedad civil que avalaba o rechazaba, según los vaivenes políticos, los planes gubernamentales en materia de seguridad pública y combate a la criminalidad y los informes oficiales de resultados en esas materias.

Protegida del entonces ocupante de Los Pinos, Felipe Calderón Hinojosa, y de su vicepresidente ejecutivo en materia policiaca y de espionaje, Genaro García Luna, la señora Miranda de Wallace se convirtió en asistente frecuente (casi indispensable) a las ceremonias y reuniones de ese corte, al igual que lo fueron haciendo otros ciudadanos golpeados trágicamente por acontecimientos criminales: muertes, desapariciones, secuestros.

Ella preside la organización Alto al Secuestro y se define en su cuenta tuitera como una activista dedicada a defender derechos humanos de las víctimas del delito. Recibió en 2010 el Premio Nacional de Derechos Humanos que le entregó el mentado Calderón Hinojosa, cuya administración fue particularmente violatoria de esos derechos, a título de la nefastaguerra contra el narcotráfico. En 2012 fue candidata del Partido Acción Nacional a la jefatura de gobierno de Ciudad de México.

Frente a un contexto pantanoso, ha sido creciente la investigación periodística que ha ido señalando irregularidades y francas falsedades en el expediente de los presuntos hechos de secuestro y asesinato del hijo de la señora Miranda de Wallace. Esta semana, en la revista Proceso, el periodista y escritor Ricardo Raphael hizo un recuento de la más reciente acusación de mendacidad adjudicable a la mencionada activista, en una relatoría que parecería pertenecer al género de la novela negra, pues la gota de sangre, sobre la cual se fundó todo el desarrollo de un proceso que ha mantenido en prisión durante largos años a varios presuntos responsables, no pertenece al código genético del padre formal, el señor Wallace, pues el padre biológico es un primo de la señora Miranda, de apellido León.

No es un asunto de sábanas ni invade el respetable ámbito privado de las personas: es una precisión que puede significar el derrumbamiento de todo el armado judicial logrado hasta ahora por la madre del joven que en todo caso podría ser considerado como desaparecido. Podría significar la liberación de personas inocentes y la confirmación de un comportamiento mafioso que castigó a quienes eran señalados por una particular y que permitió la construcción de una figura públicarepresentativade la sociedad civil, luego asociada a las tareas de los poderes públicos desde un posicionamientoindependiente.

A estos señalamientos, que son una continuidad de lo publicado en otros momentos por las periodistas Anabel Hernández y Guadalupe Lizárraga, y que han denunciado personajes como la ahora senadora morenista Nestora Salgado, ha respondido Miranda de Wallace con una fuerte acusación contra el presidente López Obrador, a quien ha mencionado como apoyador de secuestradores. Entrevistada por Ciro Gómez Leyva, cargó la tinta en adjetivos y en consideraciones personales, sin entrar al fondo del asunto, que se refiere a las pruebas documentales de que el proceso relacionado con su hijo desaparecido, Hugo Alberto, se ha sustentado en una gota de sangre que no correspondería genéticamente al padre acreditado para diligencias forenses y que pudo haber sido sembrada con fines distorsionadores.

Tal como estaba binacionalmente previsto, el congreso mexicano aprobó las reformas laborales que Estados Unidos ha demandado para avanzar en la aprobación legislativa del nuevo tratado de libre comercio en Norteamérica. Entre otras consecuencias, habrá un inicio de democracia sindical y se eliminarán abusos contra trabajadores.

Twitter: @julioastillero

Un caso reabierto

By Eduardo Ibarra Aguirre
Global Research, mayo 01, 2019
1 May, 2019

https://www.globalizacion.ca/mexico-un-caso-reabierto/

Nestora Salgado hizo graves denuncias en contra de María Isabel Miranda, presidenta del organismo Alto al Secuestro, exitosa empresaria y aliada de los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña en materia de seguridad pública, hasta el punto de moverse por las cárceles como Pedro por su casa, con la autorización de Genaro García Luna y Miguel Ángel Osorio, además de recibir el Premio Nacional de Derechos Humanos 2010.
La senadora y exprisionera presentada como “secuestradora” en su desempeño como lideresa de las autodefensas, en Olinalá, Guerrero, precisamente por Miranda Torres y el candidato presidencial priista José Antonio Meade, en plena campaña de 2018, sostiene:

“Estos casos los viví en carne propia… Isabel Miranda tuvo mucho poder en gobiernos pasados. Una persona que tuvo el poder de meterse a las prisiones, a las celdas, a torturar ella misma o a ordenar que las autoridades carcelarias nos torturaran”.

Testimonio que Utopía reconfirma de acuerdo a la versión de un funcionario de cárceles federales que recibió órdenes de Osorio Chong para “darle todas las facilidades a la señor Wallace, pues es nuestra amiga”. Y el ahora senador impulsa un punto de acuerdo para defenderla. ¡Qué cinismo!
Abunda Nestora:

“Se me torturaba diariamente por órdenes de la señora Isabel Miranda de Wallace… Padecí la influencia negativa de la señora… con funcionarios de la Procuraduría de Guerrero… de constantes ataques que se me reavivaron en contexto electoral… nadie merece ser calumniado y perseguido por alguien que tenga poder”.

Y, efectivamente, Isabel Miranda, la excandidata panista a jefa de Gobierno del Distrito Federal (“Ya me veo en el Palacio del Ayuntamiento”, juraba) ejerció un enorme poder durante los sexenios de Calderón y de Peña con la “Guerra contra el narcotráfico”, declarada el 12 diciembre de 2006, y ocultada a partir del 1 de diciembre de 2012, pero la continuaron los que decían “Mover a México” (para sus bolsillos), con la incontenible espiral de muertos y desaparecidos, de violaciones a las garantías individuales y muchos heridos.

La legisladora solicita que se revise la situación jurídica de las siete personas procesadas por estar implicadas en el secuestro de Hugo Alberto Wallace o León, hijo de Miranda, el 11 de julio de 2005, pues fueron torturadas bajo la supervisión de la propietaria de Alto al ­Secuestro. Un caso saturado de mentiras.

Acompañada de Guadalupe Lizárraga –autora del libro El falso caso Wallace y pionera en la investigación del tema– y del padre biológico de Hugo Alberto, Salgado permitió que Carlos León Miranda exhibiera los desplantes de la señora en las procuradurías y cuerpos policiacos, y sobre todo que pusiera en riesgo todo el tinglado del caso judicial que se sustenta en una gota de sangre sembrada en el baño donde supuestamente asesinaron a Hugo Alberto y que no pertenece al padre biológico ni al de crianza, sino a Claudia Wallace Miranda, hermana de padre del presunto asesinado. Es una telenovela con hartas contradicciones y con las que escaló con mucho éxito María Isabel en sus negocios de espectaculares, como lo demostró Raymundo Riva Palacio en El Financiero, las OSG (organismos sí gubernamentales) y la política.

Víctima de su mitomanía, Miranda sólo atinó a anunciar demandas contra Proceso, Ricardo Raphael y quien se le ponga enfrente, y acusó al presidente Andrés Manuel López Obrador de “proteger a secuestradores”, ello porque el titular de la Fiscalía General de la República dictaminó: ¡Se reabre el caso y se revisará a fondo toda la información!

Eduardo Ibarra Aguirre

Ricardo Raphael, Lupita Lizarraga y Ciro Gomez Leyva. Sin respeto a las audiencias

Reflexiones0

1 de mayo 2019

Hace una semanas en el programa de Julio Astillero, Jorge Berry pretendía destruir a quienes expresan sus ideas y comparten información en Youtube, bajo el argumento del oficio periodístico, bajo la experiencia en medios, los contactos y relaciones, pero nunca pudo argumentar sobre qué hacen con la veracidad de sus contenidos, ni la integridad de sus comentarios, que en todo caso es lo más valioso de quién informa.

Ayer, Ciro Gómez Leyva, “entrevistó” a otro periodista, Ricardo Raphael sobre el tema “el falso caso Wallace”.

Cómo era de esperarse, Gómez no realizó una entrevista, sino se convirtió en juzgador del colega, en cuestionador no del hallazgo o de una investigación, intentó sí, hacer defensa de la señora Miranda.

Hace unos días yo comentaba que tal vez la pregunta a realizarse en el caso “Wallace” es ¿Qué motivó a la desaparición de Hugo Alberto?¿Cuál fue la razón de darle relevancia a este caso? Y por supuesto saltó el caso de Florence Cassez, que cumple con muchas características que lo hermanan, una aparente simulación, ¿por qué? ¿para qué?

Esas preguntas son las que le dan sentido a la investigación de un caso por demás absurdo, respecto a un muerto del que no hay cadáver y de una autopsia sin cuerpo.

Es verdad, el trabajo de Lupita Lizárraga no solo tira la prueba más importante, sino que irremediablemente nos obliga a cuestionar la participación del gobierno mismo, con fama probada de montar falsos escenarios criminales.

Las preguntas de Ciro cuestionaban el valor de lo investigado, minimizaban la presentación del verdadero padre de Hugo Alberto, y sobre todo, ignoraban su testimonio sobre cómo, se armo la farsa el día de la prueba genética en la PGR.

Gómez hace un “descubrimiento muy importante” que, validaría la tésis de la señora Miranda cuando expresa “más allá de todo Hugo Alberto es hijo de Isabel Miranda” ¡por supuesto!, pero ¿por qué hacerlo pasar por hijo del señor Wallace?, porque la sangre encontrada y prueba importante, no correspondería a Hugo Alberto, sino a su hermana que, sí es hija del señor Wallace.

Ante esto, queda una duda sustentada de que la prueba fue fabricada  ¿para qué?

Más adelante Ciro le pregunta a Raphael ¿Qué sucedió con Hugo Alberto en 2005?, este podría haber especulado o lanzar una hipótesis pero fue prudente, se la deja al lector, a la audiencia, no la expresará ante lo que parece evidente, cuando se sabe que Hugo Alberto usó su tarjeta de crédito, tramitó una CURP y realizó un llamada por teléfono después de “muerto”.

Esta es la misma trampa mental en la que cayeron Carolina Rocha y Marcela Gómez Zalce en el programa del Astillero, ponerse en el papel de la madre que sufre la pérdida de un hijo, cuando como periodistas  ante la revelación la pregunta es ¿hay muerto?

Surgen  muchas preguntas, ante el papel que Isabel Miranda ha jugado y los señalamientos sobre la calidad y veracidad de sus pruebas ¿desapareció Hugo Alberto por voluntad propia?

Nunca Raphael le diría a Ciro esto al aire, menos cuando intentó devaluar su trabajo, así como el de Guadalupe Lizárraga, de la que pretendió olvidar su nombre, pero a la que seguía en la mañanera, a quien ubica perfectamente, pero que no mencionó, como tantos otros “periodistas”que le han negado el derecho a existir por hacer una investigación molesta para el sistema, por pertenecer a un medio independiente.

La relevancia que le ha dado Ricardo Raphael al tema, es del tamaño del olvido al gran trabajo de Lizárraga, a quién han ignorado, hecho menos, por supuesto con quien no han sido solidarios y buscado su protección, ese es el gremio, por el que salta Álvaro Delgado, a quién defiende como una gran familia italiana de Chicago.

No puede haber solidaridad gremial entre periodistas con principios diferentes, pero los medios no tienen principios sino intereses.

No puede haber libertad en un país donde el sistema jurídico está secuestrado y en dónde los medios y muchos de los que forman parte de ellos, son cómplices y vigilantes del preso.

En la medida en que existan investigadores y periodistas independientes, serios, que tengan el compromiso por informar a la sociedad, México será un país más libre, los medios en su mayoría hoy responden a intereses económicos y políticos, ni siquiera lo disimulan, han destruido su propia razón de existir, han ofendido a sus lectores y audiencias, han dejado en claro que, ya no tienen valor como tales.

Los catorce años de enredos marca Wallace

El pastel de cumpleaños con el que Wallace "sorprendió" a Peña Nieto Foto: Benjamín Flores

El pastel de cumpleaños con el que Wallace “sorprendió” a Peña Nieto Foto: Benjamín Flores

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Ya transcurrieron cerca de 14 años desde el supuesto secuestro y asesinato de Hugo Alberto Wallace Miranda, cuyo cuerpo todavía no aparece, y cada vez se despedaza más la versión de su madre, María Isabel Miranda Torres, mejor conocida como Isabel Miranda de Wallace.

Desde 2014 han salido a la luz tres actas de nacimiento oficiales de Hugo Alberto; una de ellas incluso fue presentada ante la Secretaría de Gobernación (Segob) para obtener una Clave Única de Registro de Población (CURP) en febrero de 2010, es decir, cinco años después del supuesto crimen.

Las actas prueban que Miranda de Wallace mintió en su declaración del 23 de julio de 2006 ante la Procuraduría General de la República (PGR), cuando afirmó: “Contraje matrimonio con el señor Enrique Wallace Díaz el año de 1968, con quien procreé dos hijos de nombre Hugo Alberto Wallace Miranda y Claudia Wallace­ Miranda”.

En el verano de 2014, las periodistas Anabel Hernández –en Proceso– y Guadalupe Lizárraga –en LosAngelesPress– revelaron que existía un acta de nacimiento distinta a la que Isabel Miranda presentó a la PGR para certificar que la única gota de sangre “encontrada” en el lugar de los hechos pertenecía a su hijo.

El acta mostró que Hugo Alberto no es hijo de Enrique Wallace –entonces pareja de Isabel Miranda– y evidenció que el peritaje que hizo la PGR sobre la gota de sangre no pudo arrojar un resultado positivo al cruzarla con el ADN de los supuestos progenitores. Y, sin embargo, en el peritaje la gota coincidió.

Esa gota de sangre, único elemento de prueba que Miranda y la PGR utilizaron para acusar y mandar a la cárcel a nueve personas, fue “encontrada” por peritos el 14 de febrero de 2006 en el baño del departamento ubicado en el número 6 de la calle Perugino, en la colonia Extremadura Insurgentes, donde la mujer asegura que su hijo fue descuartizado con una sierra eléctrica el 11 de julio de 2005.

Seis meses antes de la visita, el 13 de julio de 2005, peritos cepillaron el departamento y en el baño no encontraron más que ropa que se secaba en un tendedero colocado en la regadera, sin rastros de sangre. Los vecinos nunca escucharon ruidos de sierra eléctrica ni gritos.

Y no sólo eso: en el examen, la perito de la PGR determinó en un primer momento que la gota de sangre pertenecía a un individuo con dos cromosomas X, es decir, a una mujer. Cuatro meses después, la forense –llamada Yanet Rogel Montes– se justificó: afirmó que había cometido un error de dedo y que en realidad la muestra tenía cromosomas X/Y. Tiempo después, cuando se solicitó un nuevo peritaje, la PGR alegó que la gota ya no existía.

Con base en esa gota de sangre, que según la PGR coincidió con el ADN de José Enrique Wallace Díaz, las autoridades confirmaron la versión de Isabel Miranda Torres, según la cual su hijo Hugo Alberto Miranda Wallace fue secuestrado y asesinado por Juana Hilda y Armando González Lomelí, Brenda Quevedo Cruz, Alberto Castillo Cruz, Tony Castillo Cruz, Jacobo Tagle Dobín, César Freyre Morales, Jael Malangón Uscanga y George Khoury Layón.

Existe incluso un dictamen de autopsia ficticio, de acuerdo con el cual el hombre murió por “insuficiencia respiratoria, asfixia mecánica por estrangulación, asfixia mecánica por compresión toracoabdominal”, firmado por la médico forense Blanca Olimpia Patricia Crespo Arellano. Es decir, la perito imaginó la autopsia de un cuerpo que hasta la fecha no ha aparecido.

Los siete imputados permanecen en la cárcel, donde cumplen penas de hasta 131 años de reclusión; tres siguen en espera de una sentencia. Todos denunciaron que fueron sometidos a sesiones de tortura entre 2006 y 2010, y varios señalaron que en ellas estuvo presente la propia Miranda de Wallace.

Ni una ni dos…

Para el Estado mexicano existen tres Hugo Alberto, todos nacidos el 12 de octubre de 1969 pero en lugares y de padres distintos. Sólo uno de ellos está oficialmente muerto.

Uno, Hugo Alberto Wallace Miranda, es producto de la exaspirante a jefa de Gobierno del DF –quien firmó como Isabel Miranda Torres– y del empresario José Enrique del Socorro Wallace Díaz y nació en Coatlin­chan, en el municipio mexiquense de Texcoco. Su acta de nacimiento fue expedida el 19 de noviembre de 1975 en Texcoco (Proceso 1961).

Otro es Hugo Alberto Miranda Torres. Fue concebido por Jacinto Miranda Jaimez e Isabel Torres Romero –una identidad que se inventó Miranda Torres para simular que era cuatro años mayor–, y nació en el “Sanatorio Tuxpán” de la capital. El acta de nacimiento se expidió el 15 de enero de 1970 en la delegación Milpa Alta.

Y el tercero –el único verdadero– es Hugo Alberto León Miranda, hijo de Isabel Miranda Torres y de su primo Carlos León Miranda, con un acta registrada el 10 de octubre de 1970 en Xochimilco.

Según las autoridades mexicanas, Hugo Alberto Wallace Miranda falleció el 12 de julio de 2005, de acuerdo con el acta de defunción registrada en noviembre de 2013. Su padre, José Enrique del Socorro Wallace­ Díaz, afirmó el 22 de julio de 2005 que lo ocurrido a su hijo “fue una desaparición”, ya que no podía decir que se tratara de un “secuestro”.

Hugo Alberto León Miranda, por su parte, sacó una CURP en febrero de 2010, y en el registro la Segob mencionó: “CURP certificada: implica que esta información fue verificada en el Registro Civil”.

Además, una de las tarjetas de crédito de Hugo Alberto sirvió el 20 de julio de 2005 para pagar cuentas de Liverpool Perisur y en el restaurante Los Arcos. Nadie pidió los videos para determinar quién usó la tarjeta (Proceso 1961).

Desde su celular salió un mensaje de voz, grabado en el teléfono de José García Sepúlveda en la madrugada del 1 de noviembre de 2005. El mensaje decía: “Qué onda. Mira, anda hasta la madre, güey; ya sé que te fallé, pero me vale verga. ¿Qué? Aquí, puto… Qué onda, güey. Mírame, aquí pisteando, güey. ¿Sabes qué, güey, sabes quién me jugó…?”.

Cuatro personas cercanas, entre ellos una mujer que fue su novia, aseguraron a la PGR que la voz era del hijo de Isabel Miranda de Wallace.

Este texto se publicó el 28 de abril de 2019 en la edición 2217 de la revista Proceso