Isabel Miranda pretende entorpecer justicia a Alfonso Martín del Campo

Artículo publicado en Los Ángeles Press

Por Guadalupe Lizárraga

El 15 de septiembre de 2014

 

Isabel Miranda aleccionando en fabricar culpables a las hijas Zamudio Martín del Campo por el hmicidio de sus padres. Foto: cortesía
Isabel Miranda aleccionando en fabricar culpables a las hijas Zamudio Martín del Campo por el hmicidio de sus padres. Foto: cortesía

El caso de Alfonso Martín del Campo Dodd, preso durante 22 años por la confesión bajo tortura del homicidio de su hermana Juana Patricia y su cuñado Gerardo Zamudio en 1992, ha servido a periodistas y cineastas para obtener reconocimientos internacionales por demostrar las fallas estructurales del sistema de justicia mexicano. Pero también ha sido pretexto para Isabel Miranda Torres, conocida como la “señora Wallace”, para presionar a miembros del Poder Judicial a preservar estas fallas y evitar la reparación de justicia.Recientemente, Martín del Campo lanzó un comunicado para denunciar públicamente a Isabel Miranda de interferir en su proceso sin tener personalidad jurídica para ello. La acusó de desafiar al Estado de derecho y de sembrar la duda sobre la independencia del Poder Judicial. “Ella da por hecho que no se va a comprobar la tortura en mi caso y da a entender de que ya sabe el sentido de la resolución, lo cual sería gravísimo”, señaló.

En entrevista a Los Ángeles Press, Martín del Campo dijo que ignoraba por qué Isabel Miranda se ha entrometido en su caso, sin siquiera conocerlo a profundidad ni tener personalidad jurídica para ello. Incluso se mostró sorprendido de los recursos que ha destinado Miranda para la campaña mediática y en las redes sociales para que no lo liberen, pese a que se trata de un caso emblemático de violaciones por derechos humanos del Estado mexicano. “¿Qué interés tiene esta señora en mi caso? Ella puede decir cualquier cosa, pero no tiene ninguna validez jurídica”, comentó telefónicamente Martín del Campo Dodd desde la prisión.

Isabel Miranda Torres, quien también ha sido denunciada ante la Procuraduría General de la República por simular el secuestro de su hijo Hugo Wallace, obtener lucro con ello y fabricar culpables bajo tortura, el pasado 6 de septiembre difundió en las redes que en la Suprema Corte de Justicia de la Nación en México “se probará que no hubo tortura” en el caso de Martin del Campo. De la misma manera, hizo referencia a que la víctima sólo quería que el Estado lo compensara “millonariamente” por el tiempo que lleva en la cárcel.

Hijas de los Zamudio Martin del Campo con Emilio ALvarez Icaza, de la CIDH. Foto: especial
Hijas de los Zamudio Martin del Campo con Emilio ALvarez Icaza, de la CIDH. Foto: especial

Junto con las declaraciones por la próxima resolución del Poder Judicial, Miranda Torres también exhibió en espectaculares públicos cuestionamientos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la defensa a Alfonso Martín del Campo, durante la visita del secretario ejecutivo Emilio Álvarez Icaza, el pasado 15 de agosto. No obstante, el funcionario sin hacer alusión a los cuestionamientos posó para las fotografías junto a las hijas de los occisos Zamudio Martin del Campo.

El caso de Alfonso fue uno de los primeros atendidos por tortura y violaciones al debido proceso en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Se acreditó cabalmente que fue obligado a confesar bajo tortura física el doble homicidio de sus familiares perpetrado el 30 de mayo de 1992 en la Ciudad de México, se le detuvo ilegalmente y se le sentenció a 50 años de prisión sin respeto a las normas del debido proceso, según el informe 117/09 de la CIDH. Las violaciones a su integridad física y a sus garantías constitucionales fueron validadas también ante el Grupo de Detenciones Arbitrarias de la ONU y la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, entre otras. Incluso se argumentó la simulación de pruebas por agentes ministeriales de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.

El Comité por la liberación de Alfonso Martín del Campo, coordinado por Alejandro Juárez, ha registrado y documentado las violaciones de derechos humanos, ordenando la información con las evidencias del caso en el blog #AlfonsoLibre y ha elaborado varios videos con la argumentación jurídica y pruebas periciales que demuestran la inocencia del inculpado. Incluso periodistas como Kevin Sullivan y Mary Jordan del The Washington Post ganaron el Pulitzer en 2003 por demostrar las violaciones en el caso de Alfonso. Sin embargo, su liberación de ha sido postergada.

Las sobrinas de Alfonso Martín del Campo, por su parte, han abierto un blog para subir imágenes y documentos orientados a incriminarlo; y aleccionadas por Isabel Miranda, han lanzado una campaña de hostigamiento contra la víctima de tortura y prisión injustificada en las redes sociales. María Fernanda escribió una narración en el blog en el que acusa directamente a su tío, a quien dijo haberlo visto matar a sus padres a los cuatro años de edad. Mientras Brenda no duda en posar frente a las cámaras empuñando armas, quien junto con su hermana Tamara se lanzan contra la libertad de Alfonso ignorando el proceso judicial durante 22 años.

Brenda Zamudio empuñando armas y luciendo autos lujosos. Foto: especial
Brenda Zamudio empuñando armas y luciendo autos lujosos. Foto: especial

Los presuntos responsables del homicidio

En la investigación realizada para juntar las evidencias que demuestran la fabricación de la culpabilidad contra Alfonso Martín del Campo dos personas han sido señaladas como principales beneficiados del crimen: José Roberto Zamudio Aldaba y su madre María del Carmen Aldaba Corral. Ambos con un largo historial de fraudes millonarios en diferentes ciudades mexicanas desde principios de los años noventa y con antecedentes delictivos en Reno, Nevada.

Alfonso Martín del Campo también ha denunciado que a raíz de las evidencias reveladas contra los presuntos delincuentes, ellos han dejado de fungir como coadyuvantes del Ministerio Público en su caso, y se encuentran en calidad de prófugos. Ante la ausencia de los presuntos autores intelectuales del crimen, Isabel Miranda de Wallace ha tomado la estafeta de “fiscal”, y pese a que no tiene personalidad jurídica para ello hace declaraciones, presiona a los jueces, y manipula a las jóvenes hijas de los occisos a quienes incluso les adjudica frases en espectaculares de su empresa Show Case Publicidad, SA de CV como las siguientes:

¿Por qué te olvidas de las víctimas de Alfonso Martín del Campo? ¿Será porque no nos representas?

No somos invisibles, somos las víctimas del Alfonso Martín del Campo.

Yo vi que Alfonso Martín del Campo mató a mis padres.

Esta última frase, Miranda Torres se la adjudicó a María Fernanda Zamudio Martín del Campo, cuando tenía cuatro años de edad, y a quien doce años después llevó a declarar ante los medios de comunicación que había visto asesinar a sus padres. Miranda usa el espectular para volver al caso de Brenda Quevedo Cruz, acusando a la CIDH de favorecerla en referencia al falso secuestro de su hijo, dado a conocer en los medios por ella como “el caso Wallace”.

 

Aunque María Fernanda Zamudio tampoco tiene personalidad jurídica en el proceso de Alfonso Martín del Campo, se puso en evidencia que Gerardo García Chavarría, cuñado del occiso Gerardo Zamudio Aldaba, al haber sido el primero en entrar en la escena del crimen, declaró ante el Ministerio Público que sacó dormidas a las entonces niñas Brenda y a María Fernanda (quien es la que ha declarado en contra de Alfonso Martín del Campo).

Más aún, la propia procuraduría concluyó que no podía incorporar las imputaciones hechas ahora de la joven, por tratarse de hechos que fueron juzgados hace más de doce años.

Sin embargo, para Isabel Miranda no ha pasado el tiempo, y al igual que manipula la prensa, falsea declaraciones y ratifica la simulación de pruebas pese a testimonios y evidencias de rastros de vida de Hugo Wallace, pretende inmiscuirse en el proceso de Alfonso Martín del Campo, quien se encuentra desde hace años a un paso de la libertad.

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La tortura de César Freyre y la muerte de su hermana (quinta parte)

Fuente: Los Ángeles Press

Por Guadalupe Lizárraga

1 de julio del 2014

NO SEAS CÓMPLICE DE ISABEL MIRANDA TORRES.

Firma aquí la petición para la revocación de su premio de derechos humanos

Espectacular de Isabel Miranda burlándose de la policía mexicana. Foto: Archivo/Notimex
Espectacular de Isabel Miranda burlándose de la policía mexicana. Foto: Archivo/Notimex

Segunda parte: Pruebas y testigos contra el caso Wallace.

Tercera Parte: La simulación del secuestro Wallace.

Cuarta Parte: Isabel Miranda de Wallace, verdugo de Tagle.

César Freyre Morales cumple una condena de 131 años por el supuesto secuestro y homicidio de Hugo Alberto Miranda Wallace en el penal de Almoloya de Juárez, México. Pese a los rastros de vida que ha ido dejado la presunta víctima desde el 11 de julio de 2005, las torturas a Freyre han sido sistemáticas hasta su sentencia. Su hermana Julieta y su madre Rosa María Morales también fueron acusadas por los mismos delitos y liberadas después de año y medio al no encontrar pruebas en su contra.

En la captura de Freyre, el 26 de enero de 2006 –según su declaración ministerial del 27 de enero entregada a Los Ángeles Press por la Asociación Canadiense por el Derecho y la Verdad– estuvo presente Isabel Miranda Torres, tal como participó en la detención sin orden judicial del inculpado Jacobo Tagle Dobin acusado por el mismo delito. Sin embargo, en una carta dirigida al titular del Poder Ejecutivo, Enrique Peña Nieto, Freyre especifica que su detención fue el 23 de enero, a las 17 horas, y por un grupo de civiles.

Durante el primer día que torturaron a Freyre con toques eléctricos y golpes, “se acercó una mujer y le dijo que le entregara a su hijo porque ella ya tenía ubicada a su familia y los iba a matar a cada uno de ellos”. Después supo que se trataba de Isabel Miranda Torres y Hugo Alberto Wallace. Los dos días siguientes continuaron torturándolo. Pero Freyre Morales se sostuvo en rechazar todas las imputaciones, y le dijeron que “como no cooperaba” lo trasladarían a la “Casa negra”. Ahí, los mismos cuatro hombres vestidos de civil que lo detuvieron, lo volvieron a golpear una y otra vez y lo torturaron con toques eléctricos, asfixia con bolsas de plástico, inmersión en aguas negras y asfixia con agua en la nariz y en la boca. Freyre nuevamente negó las imputaciones y entonces lo trasladaron a una unidad de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal.

En esa misma declaración ministerial y en la carta dirigida al Peña Nieto, fechada en agosto de 2013, Freyre denunció a Isabel Miranda Torres de coordinar los traslados ilegales para su tortura. Especificó que allí mismo, en la Secretaría de Seguridad Pública, Miranda organizó una conferencia de prensa en la que fue exhibido como secuestrador ante los medios de comunicación, y que le “fajaron un arma en la cintura” para tomarle fotografías. Dos meses antes, ya había sido presentado como delincuente en espectaculares públicos por la empresa Show Case Publicidad, SA de CV, propiedad de Miranda Torres.

Isabel Miranda viola el derecho de presunción de inocencia de César Freyre. Foto: Archivo/Cuartoscuro
Isabel Miranda viola el derecho de presunción de inocencia de César Freyre. Foto: Archivo/Cuartoscuro

Freyre Morales señaló en su declaración que durante esos primeros tres días no se le ofreció atención médica ni se elaboró ningún documento oficial por su detención. Y cuando fue trasladado a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), el 26 de enero, pretendían obligarlo a firmar una declaración ya elaborada con nuevas amenazas contra su familia, pero volvió a negarse. Hasta entonces lo examinaron médicamente y certificaron su estado físico en “autos”, para después trasladarlo a la Casa de Arraigo Federal donde permaneció durante 90 días en completa incomunicación.

Las versiones de la detención de César Freyre

Hay al menos cuatro versiones distintas sobre la detención de César Freyre, de acuerdo a las declaraciones ministeriales obtenidas por Los Ángeles Press. Dos de Freyre, antes de incriminarse y después de incriminarse el 2 de octubre de 2010. Las otras dos versiones son de Isabel Miranda y su hermano Roberto, ambas con discrepancias. En la declaración ministerial del 27 de enero, César Freyre sostiene que lo interceptó la policía el 23 de enero, lo torturaron, y ahí mismo estaba Isabel Miranda Torres. La forma en cómo lo abordaron:

“Me interceptó la policía, que me imagino fue la que me puso a disposición en un carro particular sin placas y me subieron a ese carro, y fue cuando me empezaron a golpear y a darme de chicharrazos, fue cuando se me acercó una mujer diciéndome que le entregara a su hijo…”.

La versión de Isabel Miranda cuando vio a Freyre en su detención, según su declaración en el careo constitucional el 17 de enero de 2008:

“…la primera vez que te vi fue el día veinte de enero de dos mil seis, en la esquina de Obrero Mundial y Mier y Pesado, siendo entre las ocho y nueve de la noche, fue la primera vez que te tuve a la vista, cuando ibas saliendo de la tienda llevabas unos lentes en la cabeza y una botella de agua, porque te ibas a encontrar con Keosqui, fue la primera vez que te tuve a la cara, y ese día cuando te detuvieron elementos de la Secretaría de Seguridad Pública.”

La versión de Roberto Miranda al abordar a Freyre en su detención:

“…el día veintiséis de enero de dos mil seis, acompañé a mi hermana afueras del restaurante Angus de la Zona Rosa, específicamente de la calle de Hamburgo, ahí trabajaba Keops Salazar de “hooster” (sic) y al salir de su trabajo le dimos seguimiento a la referida la cual se bajó en un taxi que también la llevaba sobre la avenida Obrero Mundial y la diversa Neri Pesado (sic), número 195, y fue cuando nos topamos con César Freyre Morales”.

En esta declaración, Isabel Miranda Torres dijo en el careo a pregunta de Freyre que lo habían estado siguiendo ella y su hermano Roberto en un taxi. Pero César Freyre afirmó que Isabel Miranda iba sola con los policías vestidos de civiles, y hasta enero de 2008, en el careo constitucional, vio por primera vez a Roberto Miranda.

Las versiones sobre la detención de Freyre - Fuente: Los Ángeles Press
Fuente: Los Ángeles Press

Las visitas extrajudiciales de Isabel Miranda

En un periodo de tres años, César Freyre tuvo unas veinte visitas extraoficiales en el Cefereso Número 1. La primera fue de Isabel Miranda Torres en la que lo amenazó diciéndole que “si no le entregaba a su hijo, iba a pagar a alguien dentro del penal para que lo mataran y que a su familia también la iba a matar o la iba a desaparecer”. Seis meses después, lo trasladaron a la Sala de visita familiar número 7, adonde llegó a verlo de nuevo Miranda Torres. Declaró Freyre que en esa ocasión Miranda le mostró fotografías de las tumbas de sus familiares muertos, y amenazó con exhumar sus restos y tirarlos a un canal.

La tercera visita de Miranda fue en la sala 7 de Juzgados, a donde trasladaron a Freyre para el encuentro mientras se encontraba recluido en el pasillo 4 estación COC.  Allí Miranda, acompañada de dos personas, le dijo que estaba dispuesta a negociar con él y que le proponía que lo trasladaran a un penal estatal del Distrito Federal “con todas las comodidades y beneficios”, a cambio de que le dijera dónde estaba su hijo, o de lo contrario la iba a pasar muy mal porque contaba con el apoyo del presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Freyre también tuvo otras dos visitas extraoficiales de José Luis Santiago Vasconcelos, subprocurador de SIEDO en ese momento, quien después fallecería en un supuesto accidente aéreo cerca de Los Pinos el 4 de noviembre de 2008 junto con el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño. Vasconcelos primero intentó negociar con Freyre su libertad a cambio de la seguridad de su familia; sin embargo Freyre tampoco aceptó en esta ocasión inculparse y el subprocurador lo amenazó con el arraigo a su madre y hermana.

El subprocurador de la SIEDO cumplió su amenaza, y al día siguiente del arraigo de las familiares de Freyre lo visitó en el penal. Santiago Vasconcelos insistió en que se inculpara a cambio de la libertad de su familia, pero Freyre de nueva cuenta se negó a aceptar las imputaciones que le hacían.

Las siguientes visitas extraoficiales fueron hechas por agentes federales de la Procuraduría General de la República y por agentes federales preventivos torturándolo con golpes, toques eléctricos, ahogamiento por inmersión y obstrucción de boca y nariz con vendas y agua. En todas las visitas ha sido amenazado con afectar de diversas formas a su familia, y las denuncias sobre su tortura constan en el Juzgado Cuarto de Distrito, y en organismos nacionales e internacionales de derechos humanos.

El recorrido inútil por los derechos humanos

La madre de Freyre, Rosa María Morales y su hermana Julieta Freyre pusieron una queja de derechos humanos el 31 de enero de 2006, dirigida al presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de ese entonces, José Luis Soberanes, la cual fue recibida por la Oficialía de partes bajo el folio 4675. En ésta, se aludía a la detención ilegal de César Freyre por parte de Isabel Miranda Torres y se mencionaba la detención de Juana Hilda González Lomelí, también torturada, humillada sexualmente y amenazada contra su familia, así como los cateos ilegales a casas de familiares, vecinos y gente de alrededor realizados por la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) sin ninguna orden judicial y coordinados por Isabel Miranda Torres. Dichos cateos se siguieron realizando hasta 2010, según denuncias ciudadanas a medios mexicanos.

 

Denuncia a la CNDH
Denuncia a la CNDH

El 9 de febrero de 2006, tal como había advertido el subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos, la madre de César Freyre, Rosa María Morales, y la hermana Julieta Freyre fueron detenidas por la acusación de Isabel Miranda Torres con los mismos delitos que le imputaron a César, según la orden dictada por el Juez Tercero de Distrito de Procesos Penales Federales. A la semana siguiente, con fecha del 16 de febrero, otra de sus hermanas, Ivonne Freyre, puso de nuevo una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos, recibida por la Oficialía de partes con el folio número 7315 en la que denunciaba la detención ilegal ahora de sus tres familiares.

El arraigo de la madre y la hermana de Cesar Freyre fue ordenado por 90 días, pero en poco menos de ese tiempo fueron consignadas y trasladas al penal de Santa Martha Acatitla de la Ciudad de México, donde estuvieron encarceladas durante año y medio. Después de ese tiempo, se dictó una absolutoria por “no encontrar elementos probatorios” de los cargos. Isabel Miranda Torres fue demandada por la vía penal y civil bajo el cargo de daño moral; sin embargo, hasta la fecha no ha sido ejecutada ninguna acción judicial en su contra.

 

Denuncia a la CNDH por la detención de la madre y la hermana de César Freyre.
Denuncia a la CNDH por la detención de la madre y la hermana de César Freyre.

 

¿Cuándo se declara culpable César Freyre?

Desde su detención, el 23 de enero de 2006, César Freyre se mantuvo firme en rechazar todas las imputaciones que le hacían por el supuesto secuestro de Hugo Alberto Wallace. Pese a las constantes torturas, durante cuatro años negó haber cometido el delito. Incluso, en una carta enviada a Brenda Quevedo Cruz al penal de Santiaguito, Estado de México, él le pide que no se inculpe, y le da ánimos. Freyre es explícito en la carta respecto a las torturas y asegura saber que a ella también la han estado torturando de la misma manera y califica la situación como “una gran injusticia”. La carta fue notificada a la familia Quevedo en junio de 2010.

 

Fragmento de la carta de Freyre
Fragmento de la carta de Freyre

Sin embargo, César Freyre aceptó declararse culpable en medio de otra sesión de tortura el 2 de octubre de 2010. De acuerdo su testimonio, eran las 22:30 horas, cuando un oficial de los denominados 2-1 lo condujo a un cubículo cerca de la aduana donde lo esperaban unos diez agentes de ambos sexos. Uno de ellos, le dijo: “¡Ya te llegó tu hora!”. Inmediatamente después, dos de los agentes lo sometieron y le ordenaron que se desnudara, que iban a hacerle “un chequeo médico”.

“Me vendaron las manos cruzadas y me envolvieron con una sábana de los pies hasta el cuello ajustándola con cinta canela. Por último, me vendaron los ojos colocándome un trapo en toda la cara, echándome agua en la nariz y boca a intervalos de hora y media aproximadamente, por lo que finalmente acepté lo que me pidieran”.

Después de la tortura le hicieron leer unos documentos en voz alta, y lo grabaron en video mientras leía. También le pidieron hacer un croquis del lugar para simular dónde había arrojado el supuesto cuerpo de Hugo Alberto Wallace. Cuando terminaron, le dijeron que todo lo que le estaban haciendo tenía el apoyo del expresidente Felipe Calderón Hinojosa, y que tenían intervenida su estancia, el locutorio y la sala de visita para que no contara a nadie de lo que había pasado ahí, de lo contrario volverían a visitarlo.

Pero las visitas extraoficiales no se detuvieron. La siguiente tortura fue el 22 de octubre de 2010 para que ampliara su declaración. Fueron por él dos oficiales de los denominados 2-1, y lo trasladaron al mismo cubículo. Lo entregaron a cinco hombres que lo esperaban con esposas y grilletes, y lo subieron a una camioneta. Después de un par de horas, según su testimonio, le hicieron un examen médico y nuevamente lo vendaron desde los pies hasta el cuello, ajustándolo con cinta canela.

“En esta ocasión me sumergieron en un recipiente con agua y me daban cargas eléctricas durante 40 minutos, después me quitaron la cinta canela y me dijeron que si ya no quería más tenía que ampliar la declaración del 2 de octubre, y me amenazaron con desaparecer a mi mamá y a mi tía Adriana”.

“Tú sabes quién está ordenando esto”, le dijeron los oficiales, y cuando terminaron de grabar esta segunda declaración lo llevaron a una certificación médica. Ese mismo día, falleció su hermana Julieta.

Declaración fabricada a César Freyre después de su tortura del 2 de octubre de 2010 y fue fechada en 2006.
Declaración fabricada a César Freyre después de su tortura del 2 de octubre de 2010 y fue fechada en 2006.

“¿Cómo ve que las metí a la cárcel?”: Ministerio Público Fermín Ubaldo Cruz

En entrevista para Los Ángeles Press respecto al caso Freyre, uno de los testimonios que revelaron la arbitrariedad de las autoridades judiciales mexicanas en la detención de Rosa María Morales y su hija Julieta, fue el de Enriqueta Cruz Gómez, madre de la también inculpada Brenda Quevedo Cruz.

En junio de 2006, ya consignadas la madre y hermana de Freyre, el Ministerio Público Fermín Ubaldo Cruz llamó a comparecer a Enriqueta Cruz ante la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO). Cuando llegó a esa dependencia, tenía el mensaje de que pasara sin abogado, porque el “MP quería hablar con ella”.  El abogado de Enriqueta Cruz, le dijo “que no pasaba nada, que estuviera tranquila, y que luego él la alcanzaba”.

El Ministerio Público, Fermín Ubaldo Cruz, ya había sido identificado como el torturador de Juana Hilda González Lomelí para que se incriminara después de su segunda detención ilegal por la acusación de Isabel Miranda. Ubaldo Cruz también fue denunciado por humillación sexual a la misma acusada, y de ponerle a su hija en el teléfono para amenazar a ésta y a la madre de Juana Hilda.

Este agente fue quien atendió a Enriqueta Cruz en las oficinas de la SIEDO, y después de varios minutos de conversación donde estuvo preguntándole por el paradero de su hija, le ofreció que sería “testigo protegido”, si decía dónde se encontraba ella. Enriqueta Cruz respondió con preguntas insistentes, entre éstas, “¿por qué estaban involucrando a su hija en ese crimen”.

Fermín Ubaldo Cruz, molesto, azotó varias veces con su mano el escritorio y espetó:

–¡Hable, con una chingada! ¡Ya me cansé de sus pendejadas! Aquí el que hace las preguntas soy yo. Y así como está usted sentada, estuvo sentada la mamá de César Freyre, ¿cómo ve que las metí a la cárcel?

–¿Y por qué me va a meter a la cárcel a mí? ¿Por qué delitos? –inquirió sorprendida la madre de Brenda Quevedo.

–¡A mí me vale madres! Eso es lo de menos –gritó el agente y volteó a ver a un perito que se encontraba en la misma oficina– Es más, tú, quítale un cabello a esta señora y sácale sangre –le ordenó.

–¿Pero para qué? ¿Por qué? –preguntó la madre.

–Para cuando encontremos a su hija muerta –respondió el agente del Ministerio Público, y sentenció– porque la vamos a encontrar muerta.

La madre empezó a llorar, y fue cuando entró el abogado:

–¿Qué pasó? Ya me la hicieron llorar –dijo.  El agente Fermín Ubaldo respondió:

–No, sólo le estamos ofreciendo que su hija entre al programa de testigo protegido.

–¿Testigo protegido? –preguntó el abogado, y remató –¿Cómo al que encontraron muerto la semana pasada?

La madre de Quevedo Cruz y el abogado se retiraron de la oficina de SIEDO.

Ampliación de la declaración que obligaron a César Freyre a dar bajo tortura el 22 de octubre de 2010 y fue fechada en 2006.
Ampliación de la declaración que obligaron a César Freyre a dar bajo tortura el 22 de octubre de 2010 y fue fechada en 2006.

La muerte de Julieta Freyre Morales

Con 39 años y dos hijas menores de edad, Julieta Freyre estuvo en la cárcel durante año y medio. Junto con su madre, fue acusada por Isabel Miranda Torres de haber participado en el supuesto secuestro y homicidio de Hugo Alberto Wallace. Después de que salieron libres con una absolutoria por no encontraron elementos que probaran la acusación de Miranda, Julieta escribió una carta en la que presenta su caso como víctima colateral.

Julieta

Una vez liberada, la lucha de Julieta Freyre por ayudar a su hermano César no se detuvo, y en compañía de Enriqueta Cruz, quien dio el testimonio, fue a pedir apoyo a la entonces senadora Rosario Ibarra de Piedra en octubre de 2010. Julieta narraba –a los abogados de la senadora– el maltrato en la cárcel a ella y a su madre, y de cómo fueron violados sus derechos de presunción de inocencia. También detallaba cómo llegó a hablar con sus hijas, llorando, mientras estaban “ardiendo en calentura” en su casa.

De acuerdo a la testigo, en ese momento, en las oficinas del Senado de la República, cuando Julieta narraba las torturas practicadas a su hermano, volteó a ver Enriqueta Cruz, y le dijo que se sentía mal. Esbozó apenas una sonrisa y cayó desmayada.

“Empezó a emitir unos sonidos espantosos, y todos estábamos asustados; yo empecé a gritar «por favor, un doctor, un doctor»”, contó Cruz. A los minutos, cuando llegó el médico del Senado, la examinó y opinó que “no era nada”.

Cruz insistió en que se trataba de algo grave, y al moverla para pasarla del suelo a uno de los sofás para visitas, se dieron cuenta que estaba orinada. “Esto no es normal”, advirtió Cruz y pidió una ambulancia. Junto con el familiar de otro dos inculpados, acompañó a Julieta Freyre en su traslado al Hospital Xoco.

“Soy inocente, soy inocente”, balbuceaba Julieta en su recaída, de acuerdo al testimonio de Cruz. Los médicos dijeron que era un derrame cerebral y pese a que fue intervenida quirúrgicamente, ocho días después murió en el hospital.

Las autoridades judiciales no han dado seguimiento a la demanda por daño moral en contra de María Isabel Miranda Torres por esta muerte, ni por el tiempo que su falsa acusación llevó a Rosa María Morales a permanecer en la cárcel durante año y medio. Hasta la fecha sigue sin encontrarse alguna evidencia pericial –científica- por el supuesto secuestro y homicidio de su hijo Hugo Alberto.

 

NO SEAS CÓMPLICE DE ISABEL MIRANDA TORRES.

Firma aquí la petición para la revocación de su premio de derechos humanos

Respuesta a Jorge Fernández Menéndez

Pascal Beltrán del Río

Director editorial

Excélsior

 

En apego a nuestro derecho de réplica, pido atentamente la publicación de nuestra misiva al articulista Jorge Fernández Menéndez  quien publicó el día de ayer un artículo titulado “Cassez y Brenda: dos secuestradoras, una estrategia”.

 

El autor de este artículo se dirige a nosotros, por lo que queremos y debemos contestar.

 

En primer lugar, Ud. Sr. Menéndez, sugiere –más bien afirma– que existe algún tipo de “parentesco” entre el caso de Florence Cassez y el caso de Brenda Quevedo Cruz; y escribe: “Florence Cassez fue liberada ignorando la prueba más importante que existía en su contra: las declaraciones de las víctimas…”. Un periodista con ética profesional, y respetuoso de las instituciones pilares del Estado de Derecho, no ignoraría deliberadamente lo que no decide ignorar:

–          El hecho de que las supuestas víctimas en caso Cassez / Vallarta se prestaron al montaje mediático de las autoridades, que todas sus declaraciones carecen de validez ya que fueron obtenidas a raíz del montaje y no independientemente de ello;

–          Que Florence Cassez no fue liberada por acuerdos políticos sino por decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cuya decisión honra a México y fue saludada a nivel internacional. Son pocas las veces que México se distingue por su apego a los derechos humanos.

–          Que el hecho de manchar el nombre de Florence Cassez al señalarla de delincuente cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó precisamente invalidar la totalidad de las supuestas pruebas en su contra por haber sido obtenidas de manera ilegal, mediante la violación sistemática a los derechos humanos fundamentales,los cuales protegen a todos los ciudadanos contra las arbitrariedades del poder. Esto, Sr. Menéndez es prueba de su profunda o deliberada ignorancia puesta al servicio de la mentira.

 

Sin embargo, el punto de nuestra respuesta a su artículo, Sr. Menéndez, no es el de volver al caso de Florence Cassez, a quién hemos defendido a lo largo de su infierno de más de siete años, y de la que sabemos –porque nosotros sí investigamos– es totalmente inocente, y no solamente inocente, sino víctima de un sistema de fabricación de culpables del cual la familia Vallarta también es víctima y cuyos responsables tenemos perfectamente identificados. Florence Cassez fue y sigue siendo víctima de esta epidemia de fabricación de culpables en México, epidemia a la propagación de la cual contribuyen periodistas como Ud., Menéndez. Para nosotros es un honor haberla defendido, haber trabajado de manera voluntaria durante más de cinco años. Y seguiremos defendiendo su nombre, su memoria, su inocencia y su dignidad. Gracias a ella, se ha abierto en México, un estrecho camino, pero al fin camino, hacia un verdadero sistema democrático en el que no se tolera ninguna violación a los derechos humanos. Si Ud. no lo puede reconocer o por lo menos intuir, Sr. Menéndez, entonces no merece el título de periodista y el derecho a la expresión que acompaña ese título.

 

Podríamos evidenciar o recordar cómo evidenciamos y de qué manera Isabel Miranda de Wallace se involucró en el caso Cassez; no para defender a las supuestas víctimas, sino por complicidad con Eduardo Margolis. Lo demostramos en su momento en múltiples ocasiones, y nuevamente le aconsejamos Sr. Menéndez que haga lo que todavía no ha hecho: nada más el trabajo periodístico que le incumbe. Con ello sabría la verdad.

 

Con respecto al caso Wallace, y las publicaciones de Proceso en México y Los Ángeles Press en Estados Unidos,  es un hecho que Isabel Miranda de Wallace no tiene todas las respuestas a la mano. En vez de ello, ella y sus consejeros se han enfocado en descalificar a la periodista Anabel Hernández, y a prestarle una intención vengativa, e incluso personal contra ella, cuando lo que está en juego es la verdad, la vida de los inculpados, la de su propio hijo, y sobre todo la de un sistema de justicia agonizante. Isabel Wallace se presenta nuevamente como víctima, blanco de una ofensiva generalizada en su contra, simplemente por haber defendido el derecho de las supuestas víctimas y haberse opuesto a la liberación de Florence, desviando el punto central de las investigaciones recientemente publicadas por los medios ya mencionados: los rastros de vida de su hijo Hugo Alberto Wallace Miranda, después de la fecha de su presunto homicidio.

 

Isabel Miranda Torres es la figura ejecutiva de una fábrica de culpables en México, que ha usurpado la voz de la ciudadanía, una figura de la instrumentalización del dolor de las verdaderas víctimas, de las madres que realmente perdieron a sus hijas o a sus hijos, muchos de los cuales murieron a consecuencias de la supuesta guerra contra el narcotráfico iniciada por el presidente más vergonzoso que México haya tenido en su historia contemporánea: Felipe Calderón Hinojosa, el mismo que entregó a Isabel Miranda el premio nacional de derechos humanos en 2010, como una gran burla del sistema a los millones de mexicanos aún con dignidad.

 

La única razón por la cual tenemos que enfocarnos en la persona, en la historia turbia y oculta, en las mentiras, y en las actividades de Isabel Miranda de Wallace, es por las personas inocentes que están muriendo en la cárcel por secuelas de las torturas, por un crimen que no se cometió. Y para lograr este objetivo: la liberación de todos los inocentes, no solamente los del caso Wallace, tenemos que evidenciar la verdad, a través de investigaciones independientes, honestas y profesionales, a pesar de las amenazas, represalias, calumnias, y de los supuestos periodistas como Ud. Menéndez que usa su posición para insultarnos y a través de nosotros a todos los inocentes injustamente encarcelados de su país.

 

Asimismo queremos rectificar su dicho Sr. Menéndez cuando escribe:

 

“Que, siguiendo el camino Cassez, todos los detenidos niegan ahora su participación en los hechos, aseguran que sus declaraciones fueron sacadas mediante torturas (a pesar de que, como en el caso Cassez, hay otras pruebas testimoniales en su contra) y todos, obviamente, dicen ser inocentes.”

 

1)   Florence Cassez siempre negó su participación en los delitos que le imputaron injustamente. El camino es distinto, ya que en el caso Wallace tenemos que demostrar la falsedad de las confesiones auto incriminatorias de los acusados.

2)   Florence Cassez fue torturada psicológicamente, aterrorizada, amenazada, golpeada levemente, jalada por el cabello, e intimidada con una pistola en la frente para que firmara los papeles ya armados en los que se le exigía su autoincriminación, a lo que se negó rotundamente. Pero su integridad física no fue afectada brutalmente, como ha sido con los inculpados de Isabel Miranda. A lo mejor, su nacionalidad francesa sirvió en ese momento para evitar ese tipo de tortura. Al parecer, las autoridades todavía tienen un poco de reserva cuando se trata de torturar a una persona extranjera.

 

Decir Sr. Menéndez que nosotros seguimos la misma estrategia que implementamos en el caso Cassez, muestra su falta de atención analítica. No, Sr. Menéndez: el caso de los acusados en el caso Wallace es más complejo todavía y requiere otro tipo de estrategia, que sólo una investigación seria y profesional puede revelar quién es Isabel Miranda Torres, que se autoproclama la voz de la ciudadanía, mientras pisa y quiebra el sistema de justicia mexicano, y que –para sorpresa de todos– se niega rotundamente a considerar la posibilidad de que su hijo esté vivo, aun cuando se le presentan sólidas líneas de investigación que ella misma decide no seguir u ocultar. ¿Quién es esta madre que finge buscar los huesitos de su hijo en el canal de Cuemanco?  ¿Quién es esta persona que a pesar de su perfil delictivo y de haber estado en la cárcel, logra con la simple negación de los hechos seguir en el poder? ¿Quién es esta persona que usa los espectaculares de su propia empresa Showcase para difundir los rostros de las personas que ella misma decidió inculpar por la desaparición de su hijo, violando los derechos de ellos y sobre todo la presunción de inocencia? ¿Quién es esta persona que puede acudir a los penales y a la SIEDO para entrevistarse con los acusados en el caso Martí para proponerles un arreglo si se declaran culpables y si denuncian a los co-inculpados que se les presentan? ¿Quién es esta persona que puede liderar un operativo policíaco sin ser una autoridad  judicial? ¿Quién es esta persona que hace caso omiso de las denuncias en su contra ante la CNDH sin que haya ninguna consecuencia? ¿Quién es esta persona que goza el apoyo incondicional del presidente de la CNDH, Raúl Plascencia, victorioso de la candidatura que ella misma presentó?
Otra declaración contraria a la verdad por su parte Sr. Menéndez: las pruebas que se presentaron y difundieron en los medios, no son las mismas que las pruebas que Isabel Miranda de Wallace decidió callar en el 2007. Son nuevas. Basta que las revise para que se dé cuenta.

 

Reconocemos una cosa. Ud. Sr. Menéndez nos acusa de poner en duda el “hecho de que los secuestradores de Hugo Alberto han reconocido ampliamente su participación en ese crimen.”

 

Precisamente es lo que hacemos: cuestionamos lo incuestionable. Ponemos en duda lo que los demás dan por hecho, a pesar de que lo deberían hacer porque se trata de su deber como periodistas. Dichas confesiones, lejos de comprobar el  delito, revelan contradicciones y discrepancias más allá de lo aceptable. Estas contradicciones a su vez comprueban que el delito de secuestro y asesinato de Hugo Alberto Wallace fue fabricado, y mal fabricado. Un simple vistazo a estas declaraciones genera sospechas. Un estudio amplio de las mismas nos hace cambiar totalmente de perspectiva en cuanto a la realidad del caso Wallace. Sea lo que sea, Ud. Sr. Menéndez no hizo ni uno ni lo otro, y no creemos que por falta de tiempo, ni por incompetencia, sino por elección. Y esto es anti-ético.  Los nuevos elementos de prueba que se filtraron a la prensa ponen en duda lo que hasta hace poco era considerado como un hecho irrefutable: la culpabilidad de los acusados en el caso Wallace por su declaración, pese a que no había ni cuerpo ni pruebas periciales físicas que sostuviera el homicidio. De presuntos culpables se convirtieron en presuntos inocentes.

 

Ahora el por qué cuestionamos lo incuestionable: Porque no queremos ser parte de un sistema que encarcela a inocentes.  Porque como seres humanos y humildes ciudadanos nos negamos a vivir sin dignidad en un país en el que se violan los derechos humanos por motivos ajenos a la justicia. Y finalmente porque tenemos confianza que algún día México pueda ser una verdadera democracia en la que los criminales pagan por lo que han cometido, y los inocentes están a salvo de los abusos del poder. Una fórmula tan sencilla de felicidad pública, y que México merecería alcanzar, empezando por erradicar los “acusadores públicos”, papel que personas como Isabel Miranda de Wallace y Alejandro Martí han desempeñado a lo largo de estos años, gozando prebendas económicas y privilegios judiciales con ello.
Es un deber salirnos de las ilusiones en las que hemos permanecido. Es un deber dejar de ser un niño que se cree que las historias que le cuentan, historias de hadas y brujas, historias de justicieros y de malos, historias del bien y del mal, son la realidad.

 

Es un deber salir de la psicosis generalizada por la que nos dejamos contaminar cuando, por primera vez vimos una señora que buscaba a los plagiarios de su hijo. Entendemos que nos cuesta reconocer que nos hemos equivocado, que nos hemos dejado engañar, que caímos en una trampa. El error es humano. El deseo de justicia y seguridad es legítimo y por esa legitimidad, se vuelve comprensible nuestro error: el de haber creído en la realidad del caso Wallace. Ahora bien, lo que no sería ni legítimo, ni digno del intelecto humano, sería quedarnos voluntariamente en ese error con tal de que no enfrentemos el mundo real. En ese mundo real, Isabel Miranda de Wallace no es una madre que agarró ella sola a los plagiarios de su hijo, sino una persona protegida con una red de complicidades que permite el dinero y encarcela a quien le trata de poner ante los ojos la alta probabilidad de que su hijo sigue vivo y nunca fue secuestrado.

En ese mundo real, son siete personas las que han sido acusadas públicamente por un crimen que no sucedió, y que pasarán el resto de sus vidas encarceladas si nadie toma su defensa.

 

En conclusión, le queremos dedicar nuestras últimas palabras Sr. Menéndez, ahora que nos ataca públicamente. Para nosotros, resulta ser un honor leer que usted tacha nuestra campaña de “infame, imposible calificarla de otra manera”. Es un honor para nosotros, en calidad de humilde grupo de defensa de los derechos y de la libertad de las verdaderas víctimas, recibir de su parte un intenso desprecio, usted siendo parte y, por su artículo, vocero de un sistema que encarcela a inocentes mediante tortura, intimidación, amenazas, violaciones a los derechos humanos y al debido proceso.

 

Aprovechamos la ocasión para mandar un afectuoso saludo a los otros inocentes encarcelados a la defensa de los cuales tratamos de contribuir: Pablo Solórzano Castro (casi Martí), María Elena Ontiveros x (caso Martí), Noé Robles Hernández (caso Martí), Cynthia Cantú Muñoz, Israel Vallarta Cisneros (caso Zodiaco), a los miles de Mexicanos injustamente encarcelados, y por supuesto a todos los acusados en este infame caso Wallace. Les decimos lo que un día le dijimos a Florence: los tenemos de la mano, y no los soltaremos.

 

Nolverto Sanchez. A.

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El careo más controvertido del año: Jacobo Tagle y Cesar Freyre, dos de los acusados en el “Caso Wallace”, admiten haber sido torturados para incriminar a Brenda Quevedo

Fuente : Buholegal

por Luis Vargas

El 19 marzo, 2014

Isabel Miranda de Wallace acusada de tortura por sus acusados
Isabel Miranda de Wallace acusada de tortura por sus acusados

La tarde del 5 de marzo de 2014, en el Juzgado Decimo Sexto de Procesos Penales Federales, que preside el Juez  Raúl Angulo Garfias, se llevó a cabo la audiencia pública concerniente al careo entre Brenda Quevedo Cruz y sus co-procesados; Jacobo Tagle Dobin y Cesar Freyre Morales. Todos ellos acusados de la privación ilegal de la libertad de Hugo Alberto Wallace, en la causa penal 35/ 2006, mejor conocida como el “Caso Wallace”.

En la misma, Brenda Quevedo, quien sostiene su inocencia y quien a 6 años de proceso no ha sido juzgada aun, confrontó en primer lugar a Jacobo Tagle y luego, a Cesar Freyre. En el careo, tanto Jacobo como Cesar, la deslindaron de toda responsabilidad y además, los dos afirmaron que Brenda ni siquiera conocía a Hugo Wallace. Asimismo, Brenda puso de relieve la tortura y aleccionamiento de sus compañeros por parte de las autoridades a fin de obligarlos a incriminarla en la supuesta privación ilegal de Hugo Wallace. Por último, señaló otras contradicciones en el expediente relativas a la investigación sobre su participación en los hechos.

El careo

A continuación, sintetizare los puntos más importantes derivados de las preguntas hechas por Brenda Quevedo a Jacobo Tagle y Cesar Freyre durante el careo, las cuales refuerzan la hipótesis relativa a la inocencia de Brenda y la fabricación de acusaciones en su perjuicio. Debemos partir del supuesto que las declaraciones que incriminan  a Brenda en la comisión de los hechos delictivos mencionados en las mismas, fueron obtenidas a base de torturas, malos tratos, amenazas y aleccionamientos, como puede comprobarse mediante las pruebas existentes y las declaraciones desprendidas del presente careo.

1.- Incriminación hecha por Jacobo Tagle y Cesar Freyre en perjuicio de Brenda Quevedo en el supuesto secuestro de Hugo Wallace.

Al respecto, Jacobo expuso que la razón de implicarla en tal crimen es debido a que fue víctima de tortura física y psicológica, amenazas a su familia y maltratos de los que ha sido objeto en el CEFERESO de Villa Aldama, Veracruz, tal como lo expresó en su declaración preparatoria. En el mismo sentido, Cesar manifestó que Brenda no fue participe y además, afirma haber sido víctima de tortura física y mental. Asimismo, Cesar señala que ni siquiera solicitó llevar a cabo la declaración en donde la incrimina. Por último, Cesar nos remite a una denuncia interpuesta ante la Corte Interamericana denunciando los actos de tortura y las violaciones a sus derechos humanos.

2.- Exculpación de Brenda Quevedo por parte de los acusados en su participación en el secuestro de Hugo Wallace.

Ambos acusados concuerdan que Brenda no tuvo nada que ver en los hechos que se le imputan y además, coinciden que ni siquiera conocía o había visto a Hugo Wallace. Asimismo, Jacobo afirma que Brenda nunca recibió dinero por parte de Cesar, o de cualquiera de las personas que formaban parte de la supuesta banda, más adelante el mismo Cesar confirmaría estas aseveraciones. Lo anterior, resulta contrario a lo que Jacobo había señalado en una de sus anteriores declaraciones obtenidas bajo coerción.

3.-Exculpación de Brenda Quevedo por parte de los acusados en su participación en otros secuestros o algún otro hecho delictivo.   

En cuanto a los hechos delictivos anteriores al secuestro de Hugo Wallace de los que Brenda es acusada, cabe señalar que los mismos tuvieron lugar a mediados del año 2004. En este sentido, Jacobo afirma haber conocido a Brenda a finales del 2004, luego Cesar constató esta versión. Asimismo, Jacobo aseveró que Brenda nunca conoció al señor Trevedant, Rugueiro y Gina, personas mencionadas en las declaraciones que incriminan a Brenda. Al igual que Jacobo, Cesar afirma que Brenda no tuvo ningún tipo de relación o comunicación con Trevedant.  Además, Jacobo y Cesar coinciden que Brenda nunca ha participado en algún hecho ilícito, incluso Jacobo agregó que ella es una persona honrada y trabajadora.

4.- Otros aspectos en el expediente relativos a la investigación de la presunta participación de Brenda en el secuestro de Hugo Wallace.

Cesar Freyre señaló que nunca fue a la casa de Enriqueta Cruz, madre de Brenda, o a la casa de Brenda, mucho menos haber vivido ahí. También, menciona que el auto Corsa mencionado en sus declaraciones, en realidad nunca fue utilizado para cometer algún hecho delictivo. Asimismo, niega que Brenda haya ido alguna vez a la casa de su padrino. Por último, niega haber visto a Brenda usando algún tipo de peluca.

Las consideraciones finales

Por último, dado que al final no fue necesario proceder a la fase de los careos procesales, puesto que los confrontados no incurrieron en contradicción alguna que refutar, el juez procedió a otorgarle la palabra a Isabel Miranda de Wallace y  a Brenda Quevedo Cruz para que expresaran sus consideraciones finales.

Isabel Miranda de Wallace señaló al juez “el aleccionamiento que han tenido los inculpados a fin de tratar de evadir su responsabilidad”. Asimismo, negó que Jacobo haya sido torturado, pues según ella en el video en el que se auto-incrimina ante el Ministerio Público “se aprecia la naturalidad con la que confesó todo lo relativo al secuestro y muerte de [su] hijo Hugo Wallace”. Además, Isabel de Wallace asegura que la prueba de la falsedad de tales acusaciones estriba en el hecho de que Jacobo la acusa de haberlo amenazado con meter a su hermano, Salomón Tagle, a la cárcel, sin embargo, remarcó, “Jacobo Tagle se ha perdido en el tiempo, ya que [su hermano] ya se encontraba preso cuando Jacobo fue detenido, por lo cual sería imposible que alguien lo hubiera amenazado con un hecho que ya había ocurrido”.

En cuanto a Brenda Quevedo, Isabel de Wallace alegó que la prueba de que miente es el hecho de que esta “se haya internado en otro país con identificaciones falsas a fin de no ser localizada”. En este sentido, menciona, “se tuvo que llevar la extradición durante dos años en la cual hubo causa probable para traerla y responder ante este Juzgado”.

Por su parte, Brenda Quevedo manifestó que ha sido torturada dos veces las cuales ha denunciado ante la PGR e instancias de derechos humanos nacionales e internacionales. Asimismo, solicitó que se investigue la tortura de sus co-procesados Cesar Freyre y Jacobo Tagle, y reiteró, “ya que evidentemente hemos sido de la misma forma amenazados y torturados físicamente para así arrancarnos una declaración, una confesión a base de coerción”.

Conclusiones

Las declaraciones desprendidas del careo se inclinan en la hipótesis del uso de la tortura como medio de incriminación de Brenda Quevedo Cruz, lo cual refuerza lo argumentado en mi artículo “25 razones para dudar del caso Wallace”. En esta misma línea, se deduce que si la mayoría de los acusados fueron torturados y obligados a declarar en perjuicio de Brenda, el resultado final es una nefasta fabricación de pruebas y acusaciones en su contra carentes de credibilidad, cuyo fin es   incriminarlos en el crimen en cuestión.

Asimismo, considero pertinente poner atención en las declaraciones y acusaciones de Jacobo Tagle y Cesar Freyre, puesto que ellos también manifiestan haber sido torturados para auto-incriminarse e implicar a Brenda Quevedo en el secuestro de Hugo Wallace y otros hechos delictivos. Jacobo, al igual que Brenda, sostiene su inocencia, por lo que es prioritario hacer un seguimiento de ambos casos. Contrariamente a Brenda, quien a pesar de haber sido torturada  no aceptó su participación en los hechos, Jacobo y Cesar debido a la brutalidad de los actos de barbarie perpetuados en su contra, aceptaron su implicación en el crimen del cual se les acusa.

Cabe señalar que en el caso de Brenda Quevedo y Cesar Freyre, existe una denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por las violaciones a sus derechos fundamentales. Asimismo, existen pruebas contundentes que demuestran el uso de tortura, malos tratos, humillaciones y aleccionamiento, tales como la valorización psicológica bajo los criterios sugeridos por el “Protocolo de Estambul” en el caso de Brenda y Jacobo. Si esta denuncia es admisible, en unos años, las autoridades mexicanas podrían ser llevadas ante la Corte IDH para la consecuente reparación integral de los daños y a la investigación de los responsables de haber llevado a cabo tales actos de brutalidad en perjuicio de Brenda y los demás acusados.

Presentación del libro de José Reveles El Affair Cassez en presencia de Olga Sanchez Cordero

El periodista José Reveles y la Magistrada Olga Sanchez Cordero
El periodista José Reveles y la Magistrada Olga Sanchez Cordero

 

Leer el Texto de José Reveles en la presentacion de su libro “El Affair Cassez”

Leer el Texto de presentación de Olga Sanchez Cordero